Contra la cultura del subsidio

Contra la cultura del subsidio

Marc Vidal

Adictos al Estado

“Si eres de los que piensan que es mejor ser funcionario que empresario, por favor no leas este libro. Podría cambiarte la vida”, destaca Marc Vidal. El autor de ‘Contra la cultura del subsidio se pregunta por qué la gente prefiere ser drogodependiente de las subvenciones públicas antes que desarrollar su creatividad. Vidal critica que la sociedad está narcotizada y espera que todo le venga hecho en vez de hacerlo nosotros mismos.

En su opinión, cuando el Estado crea canales endogámicos que sirven para financiar estructuras que dependen de ellos, se convierte en un inconveniente y se acaba justificando a sí mismo. “Al estabishment le compensa ser estado providencia, porque se pueden presentar como quienes dan ayudas. Así, evitan que la gente tome la iniciativa”. Es un problema cultural ya que, como explica en el libro, los inmigrantes tienen el doble de tasa de emprendimiento que quienes han nacido en España.

Lo que más lo evidencia el fracaso es, quizá, que en España se penaliza el error, mientras que en otros países una equivocación es la forma de aprender. Esto se fomenta desde el poder, porque los políticos, los sindicatos, las patronales… prefieren ciudadanos dóciles. En cambio, quienes se atreven a coger el volante de su existencia de forma efectiva son ciudadanos críticos, analizan la sociedad, se enfrentan a su entorno inmediato y no se dejan dominar. A éstos, que disfrutan la libertad, no se les gana con ayudas, sino dejándoles desarrollar lo mejor de su trabajo y ofrecérselo a otros.

De acuerdo con Vidal, es posible que vayamos a ver una nueva oleada de emprendedores. Durante la época de crecimiento, mucha gente pensaba que se le tenían que ofrecer servicios de forma natural, pero estaban financiados con ingresos extraordinarios provenientes de la construcción. Ahora muchos empiezan a ser emprendedores para sobrevivir y es posible que algunos lo acaben siendo por placer. De momento, los discursos políticos sobre el emprendimiento están vacíos, pero tendrán que cambiar si quieren que el problema del paro se alivie.

Para incentivar el desarrollo de empresas, el autor propone que se cambie la legislación para que empresas sin experiencia puedan participar en concursos públicos o para que no se necesite una licencia para empezar a funcionar, sino que primero se otorgue la licencia y luego se controle si se adecua a la actividad solicitada. Sin embargo, advierte también es un problema de falta de ambición: desde el subtítulo ya arremete contra lo que llama “la microburguesía low cost y su escasa iniciativa empresarial”.

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