El manantial

El manantial

Ayn Rand

El hombre contra la masa

La novela de Ayn Rand no es un alegato a favor de una libertad abstracta, sino del hombre libre, el creador incorruptible, el genio. Howard Roark es un arquitecto que tiene que decidir entre hacer lo que otros le piden o vender su mejor trabajo a quien lo quiera comprar. Aunque vaya a ganar mucho dinero, no es capaz de ver cómo su talento se desperdicia en edificios que sólo tratan de replicar la moda, aunque resulten un fiasco estético. En cambio, sus obras son íntegras, un ejercicio de honestidad que trata de aunar la función del edificio con una forma única.

“La casa que aparecía en los planos no había sido diseñada por Roark, sino por el acantilado en la cual estaba asentada. Era como si el acantilado hubiese crecido y se hubiese completado a sí mismo, proclamando el propósito por el cual había estado esperando. La casa tenía muchos niveles, que seguían salientes de la roca, subiendo cuando ésta subía, en masas graduales, en planos de consumada armonía. Las paredes, del mismo granito que la roca, continuaban sus líneas verticales hacia arriba; las amplias terrazas, de hormigón armado, de color plateado como el mar, seguían las líneas de las olas, del recto horizonte”.

El manantial describe de forma muy precisa los rasgos de cada uno de los personajes, creando una lucha de voluntades entre fuertes personalidades. Los caracteres muy bien definidos se pueden agrupar en torno a quienes actúan libremente y los esclavos que dependen de la sociedad y tratan de imponer sus opiniones. La sociedad ataca a quienes defienden su forma de pensar contra viento y marea, acusándoles de intransigentes por mantener unos principios. Su postura, por el contrario, no es precisamente ética: son volubles y además obligan a los demás a cambiar con ellos. Toda la novela es un canto a la personalidad, que tiene su máxima expresión en la capacidad creadora que sale de uno mismo. Rand lo muestra con una prosa brillante: “Para decir: ‘Yo te quiero’, uno debe saber primero como pronunciar el ‘Yo’”. Enfrentedel individuo, quienes viven los demás.

“No les importan los hechos, las ideas, el trabajo. Les importa sólo la gente. No preguntan: ‘¿Es esto cierto?’. Preguntan: ‘¿Es esto lo que los demás creen como cierto?’. No juzgar, sino repetir. No hacer, sino dar la impresión de que se hace. No creación, sino espectáculo. No habilidad, sino amistades. No mérito, sino chantaje ¿Qué pasaría con el mundo sin aquellos que hacen, piensan, trabajan producen? “.

Para la fundadora del objetivismo, que las razones para actuar surjan del propio individuo no significa actuar a capricho, sino que estén motivadas por lo que quiere, lo que realmente quiere. Eso es lo que más cuesta, porque implica renunciar. Roark podrá renunciar a todo, menos a sí mismo. En cambio, a quienes están acostumbrados a depender de los demás, lo que menos les cuesta es abandonarse a lo colectivo. La chispa del individuo brilla en su plenitud cuando éste toma la materia dada y le insufla sus ideas: crea. Ésa es la mejor defensa de las acciones de un individuo.

“A lo largo de los siglos, hubo hombres que abrieron nuevos caminos armados únicamente con su propia visión. Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, estuvieron solos contra los hombres de su época. Cada nueva idea fue rechazada, cada nuevo invento fue denunciado, pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron, pero vencieron. A ningún creador le impulsó un deseo de satisfacer a sus hermanos. Sus hermanos odiaban el regalo que él ofrecía. Su verdad era su único motivo. Su trabajo era su único objetivo. Él sostenía su verdad contra todo y contra todos. Con su integridad como única bandera. Vivía para sí mismo, y sólo al vivir para sí mismo fue capaz de lograr las cosas que son la gloria de la humanidad”.

El individuo creador es quien instaura nuevos paradigmas. La narrativa de Rand incorpora al terreno de la ficción las ideas que el austriaco Ludwig von Mises desplegaba en el campo de la teoría económica, donde los agentes desarrollan su personalidad a través de la propiedad privada y cooperan mediante el mercado. El resultado es una invitación inapelable al atreverse a cambiar, a rechazar los esquemas convencionales y a dejar que la razón juegue un papel fundamental en nuestras pautas de comportamiento. A disfrutar de la individualidad como lo haría un hombre libre.

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2 comentarios

  1. angeles g

    Venga neoliberalismo a tope y cargarse al estado y a los funcionarios: por sus hechos los reconocreis.

  2. Administrador

    El de desmontar el Estado es La rebelión de Atlas, también muy bueno. Éste trata de la personalidad y el genio creador frente a la coacción… No sé cómo los has podido confundir.

    Un saludo.

    Pablo Cerezal
    responsable de Comunicación

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