Actualidad económica
Marzo de 2011
La troika ineficiente
Estaban castigados haciendo los deberes, afanados en terminarlos para tenerlos listos cuando viniese la señorita Merkel. Había que acabarlos a tiempo para poderle enseñar las planas a la profesora y que no les mandase escribir otras cien veces: “Tengo que hacer reformas y limitar el gasto público”.
Nada mejor que hacerse una foto para enseñársela a la señorita.Y ahí posaron esa troika ineficiente donde las haya, que componen el Gobierno y los llamados representantes sindicales y empresariales. Estamos de acuerdo en todo y hemos hecho los deberes juntos, afirmaban muy risueños. Algo debió sospechar la señorita y les dejó un par de recaditos de lo que tenían que hacer ahora, lo que, como siempre, despierta la irritación inicial de la troika ineficiente y la reacción que les define.
La afirmación, vieja como los tiempos, y pronunciada por decenas de economistas del mundo, de que los incrementos salariales en una economía deben estar ligados a las ganancias de la productividad produce en nuestro país reacciones más cerca del rebuzno que del análisis razonado. “¡Eso vale para Alemania!”.”Nosotros aquí sabemos lo que hacemos y nos ha ido bastante bien” (sic). “También ellos tienen cosas que aprender de nosotros” y otras frases de alto y profundo contenido intelectual pronunciadas indistintamente por los varios representantes de la troika ineficiente.
Oyendo y leyendo esta sarta de memeces, carentes de sentido común, se constata el déficit de formación que tienen aquellos que, por las posiciones que ocupan, deberían desempeñar una misión pedagógica en una sociedad tan desorientada en unos casos y mal orientada en otros como la española.
Pero esto no les preocupa. Lo que les interesa es comunicar urbi et orbe que ha habido consenso y hemos hecho los deberes. Es la forma, no el fondo, lo que cuenta para ellos. Lo que prima es el continente, no el contenido. Por eso a un acuerdo de la troika para reducir las pensiones a lo largo de una década se le llama pomposamente Acuerdo Económico y Social.Y la troika se apodera de algo que no le correspondía, sino que pertenecía al ámbito político del Pacto de Toledo, y predica las ventajas del Consenso, y anuncia cómo esta firma y esa foto van a restablecer la confianza de los inversores. Ojalá fuese cierto pero me temo que no van por ahí los tiros. Veamos.
¿Cuáles son los problemas reales de las empresas productivas de nuestro país? Con los millones de euros que se gasta el Gobierno en sondeos y encuestas nunca veo que les interese conocer la opinión de empresas y empresarios. Los que nos movemos en esos ámbitos sabemos que el problema principal con que tropiezan para poder crecer, para invertir y en muchísimos casos para sobrevivir y no echar el cierre, como han hecho ya más de dos millones de pequeños empresarios en los últimos años, es el de encontrar financiación. Por mucho que el Gobierno y los bancos digan otra cosa, simplemente no hay financiación en el mercado ni para circulante ni para inversión.
La situación financiera de cientos de miles de empresas se ve agravada por la actuación de empresas y organismos públicos que pagan con espectaculares retrasos, incumpliendo la ley y utilizando el dicho de las lentejas que si quieres, las comes y si no, las dejas.
Mientras no se aborden de verdad estas dos cuestiones nada se solucionará y seguiremos oyendo a los políticos las tonterías ya habituales de los brotes verdes, la inminente recuperación, la luz al final del túnel o eso de que lo peor ha pasado ya. Pero nada habrán hecho para recuperar la confianza tan necesaria para estimular el crecimiento y la creación de empleo.
Desde el punto de vista empresarial, el acuerdo firmado para rebajar las pensiones del futuro, retrasar la edad de jubilación y dificultar las jubilaciones anticipadas en nada sirve para favorecer a las empresas existentes ni para estimular la creación de empresas. Antes al contrario, lo que hará, al retrasar la edad de jubilación efectiva y penalizar las anticipadas, será aumentar la edad media de las plantillas y encarecer y dificultar los ajustes, cuando éstos sean necesarios. En definitiva, se trata de un torpedo contra la productividad y competitividad de las empresas.
Si esto de las pensiones no va a servir para ayudar a las empresas serán otros asuntos contenidos en el flamante Acuerdo Social y Económico los que hayan llevado a los llamados representantes empresariales a estampar su firma.
El que lea con detenimiento 38 páginas de declaraciones de buenas intenciones y recomendaciones sobre política industrial, energética, los precios, la acción exterior, la innovación, la Universidad, la estrategia global de empleo y la de los jóvenes y mayores verá que se van a estudiar, abordar, reforzar, evaluar, reformular, fomentar, promover, establecer, desarrollar, analizar e impulsar tantas ideas vagas y definiciones inconcretas que no se va a hacer nada. Eso sí, unos y otros, como si no tuviesen nada que hacer (a lo mejor ahí está la clave) van a constituir mesas sectoriales, observatorios industriales y foros de encuentro para alcanzar acuerdos bipartitos sobre criterios básicos. La expresión marear la perdiz se queda enana ante el programa que se avecina para no ir al grano.
Y mientras, entre tantas declaraciones y tantos consensos para tratar tantos temas, ¿se hace algo útil por parte de la troika ineficiente para solucionar la crisis y sus secuelas? Pues no. Nada, o muy poco que dada la trascendencia del tema viene a ser lo mismo.
Han transcurrido ya siete años desde que en febrero de 2004 el candidato Rodríguez Zapatero anunciase que si alcanzaba el Gobierno, lo primero que haría sería reunirse con empresarios y sindicatos para afrontar un gran acuerdo para crear empleo. Siete años transcurridos y más de tres millones de puestos de trabajo destruidos. Ése es el resultado de tantas fotos y reuniones.
Detrás quedan los documentos firmados por la troika ineficiente: la Declaración para el Diálogo Social (2004), la Declaración para el impulso de la economía, el empleo, la competitividad y el progreso social (2008), el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (2010), y ahora este Acuerdo Social y Económico (2011). Muchos Acuerdos para tan pobres resultados. De ahí que el título de este artículo no pueda considerarse exagerado sino bastante ajustado a la realidad de los hechos. Cuando el Gobierno, azuzado por el exterior, decide sacar pecho y lanzarse a una reforma laboral, los sindicatos le hacen una huelga general en septiembre pasado, de escaso seguimiento, pero suficiente para que se empiece a echar agua a la reforma, hasta producir la inundación, se olviden sus fundamentos y se nombre ministro de Trabajo a uno de los asistentes a la huelga convocada contra el Gobierno.
La fracasada reforma laboral ha sido incapaz de promover en nuestro país un tipo de contrato que hiciese cierta y barata -aunque fuese solo para los nuevos contratos- la terminación de los mismos, lo que seguramente hubiese llevado a muchos emprendedores a intentar ampliar sus negocios y a invertir en nuevas actividades contratando a jóvenes y desempleados. Pero no señor, tampoco por aquí se va a poder transmitir confianza a los únicos que tienen capacidad para crear empleo: los empresarios.
La troika es feliz, sin embargo.Ha habido consenso, que es lo importante. El mundo se asombra de cómo “solucionamos” los problemas. Que en la chistera no haya nada o que del gran parto solo haya salido un ratoncillo tampoco importa. Solo los aguafiestas y los muy exigentes no disfrutan con estos éxitos. ¡Antipatriotas!.










