Expansión
Madrid, 14 de noviembre de 2011
El fracaso del ‘Old Deal’
La crisis se está llevando por delante a muchos políticos. Rodríguez Zapatero, Sócrates, Papandréu y Berlusconi son ya cadáveres. Y algunos otros pueden seguir su camino al cementerio; entre ellos, el presidente del país más importante del mundo, Barack Obama. Pero no son los políticos lo único barrido por la crisis. Si algo ha dejado claro la evolución de la economía internacional en los últimos meses es el fracaso de las políticas de relanzamiento basadas en el crecimiento del gasto público. Una y otra vez, los intentos de salir de la recesión mediante políticas de déficit público no sólo no han conseguido efectos positivos sobre la tasa de crecimiento, sino que han hecho mucho más difícil cualquier posibilidad de reacción, al haber generado expectativas muy negativas y haber creado serios problemas de financiación al sector privado. No es muy difícil darse cuenta de que en la actual situación más gasto significa más deuda, y esto, en un país como España, en el que los bancos tienen como activo un gran volumen de deuda emitida por las administraciones públicas, supone que las empresas tienen muy serias dificultades para obtener crédito. El más que probable estancamiento -si no recesión- que se espera para el año 2012 es una buena prueba del error que supuso no adoptar, desde el momento de la crisis, las medidas de saneamiento que muchas economías europeas necesitaban.
Difícil explicación
Para quienes creen aún que el New Deal de Roosevelt era la única solución posible a la gran depresión de los años 30, la segunda recesión de la década -la que se desencadenó en 1937 y 1938- sigue constituyendo un episodio difícil de explicar. Lo que los datos muestran es que las medidas de política expansiva adoptadas a partir de 1933 tuvieron éxito en un primer momento, y dieron la impresión de que se había acertado con la medicina y de que la economía norteamericana había iniciado un proceso de recuperación sostenida. Pero, poco tiempo después, la economía volvió a entrar en recesión. ¿Por qué? Los partidarios de las políticas del New Deal mantienen las tesis de que aquel paso atrás se debió a que las medidas de gasto no fueron lo suficientemente enérgicas y duraderas. Pero otros economistas ven este suceso más bien como una prueba de que la política de Roosevelt fue mucho menos efectiva de lo que se ha mantenido durante mucho tiempo.
La crisis que empezó en 2007 no se debió a una insuficiencia de la demanda, sino a unos desequilibrios financieros que no se supieron afrontar y que generaron una gran desconfianza en los mercados, entre otras cosas porque no se consiguió hacer que las cifras presentadas tanto por el Estado como por las entidades privadas resultaran creíbles. En muchos casos, en lugar de adoptar las medidas firmes que la situación exigía, se intentó acudir al gasto público como forma de sacar adelante la economía. Nadie quería, en efecto, experimentar los efectos negativos de la austeridad y del equilibro presupuestario a corto plazo, y se optó por hacer lo menos posible en la confianza de que las cosas se irían solucionando por sí mismas. En España, por ejemplo, el Gobierno pensó que le resultaba más cómodo, y más rentable desde el punto de vista electoral, esperar a que una hipotética recuperación internacional sacara a nuestra economía del estancamiento. Pero la realidad se impuso y las políticas de saneamiento empezaron a aplicarse tarde y mal, a menudo dando a entender que a quienes tenían obligación de llevar a cabo las reformas éstas no les gustaban lo más mínimo.
En el fondo, en España y en otros países, se intentaba volver a aquel New Deal que tan atractivo resulta a Obama y a otros políticos, la mayoría incapaces de entender por qué no funciona hoy lo que durante años se vendió como el modelo a seguir por todo gobernante que buscara el bienestar de su país. Es interesante señalar, además, que el rasgo que diferencia de forma significativa las políticas que se han aplicado en la última crisis, frente a las que se pusieron en marcha en la década de 1930, es que en esta ocasión no se ha dejado caer la oferta monetaria como se hizo hace setenta años.
Ya a finales de 2011 hay serias razones para pensar que la política monetaria ha sido excesivamente expansiva, por lo que puede tener efectos negativos sobre la inflación en el medio y largo plazo. Pero no cabe duda de que se ha sabido evitar que la crisis bancaria provocará una reducción sustancial de la oferta monetaria que, seguramente, habría llevado a muchos países a una depresión profunda. Pero esto nada tiene que ver con el lanzamiento de grandes programas de gasto público.
Hoy sabemos que este ya Old Deal sirve para poco. Lo preocupante es, sin embargo, que muchos siguen soñando todavía con un mito que, en realidad, nunca fue lo que imaginaron.










