Actualidad Económica
Diciembre de 2011
El trilero de la Acrópolis
En Madrid, a 20 de noviembre de 2011, comparece ante este Tribunal de Papel Yorgos Papandreu, de profesión cesante tras haber sido primer ministro de Grecia desde el año 2009 hasta su dimisión, presentada hace sólo unos días. El fiscal lo acusa de mentiroso, malversador y liante; y lo más grave de todo, de haber puesto en peligro la estabilidad de la Unión Europea por haber actuado de forma irresponsable al frente de un país y una sociedad irresponsable.
Este Tribunal se considera competente para actuar contra don Yorgos en virtud del principio de jurisdiccional universal establecido por la Convención de Ginebra para perseguir la falta de decencia política, ratificada por la mayor parte de los países miembros de las Naciones Unidas (a pesar de que no pocos de los Estados que han ratificado el texto tienen gobernantes a los que, por muy diversos motivos, esta sala podría enjuiciar).
Resultando que hace dos años el Partido Socialista ganó las elecciones celebradas en Grecia, lo que permitió al acusado ocupar el cargo de primer ministro (como, por cierto, habían hecho también su padre y su abuelo, confirmando aquella vieja idea de que la familia que hace política unida permanece unida). O, dicho de otra forma, de que hay países que están dispuestos a repetir, una y otra vez, los mismos errores.
Resultando que el eslogan más utilizado en la campaña electoral de 2009 por el partido socialista griego fue: “¡Hay dinero!”; frase que, por cierto, nos resulta bastante familiar a los españoles, ya que Rodríguez Zapatero dijo algo muy similar cuando contempló con delectación las arcas de la hacienda pública española repletas de fondos que —como su colega griego— empezó a despilfarrar en cuanto pudo.
Resultando que, con tal afirmación, Papandreu mentía como un auténtico bellaco, porque lo que realmente había en la caja no era dinero, sino deudas. (pero, claro, el votante casi siempre prefiere engañarse y creer a quien le dice que todo va muy bien y que le va a dar todo gratis, y rechaza en cambio a quien prefiere decirle la verdad, por preocupante que ésta sea, es decir, las personas que en España han sido acusadas de antipatriotas, catastrofistas y otros apelativos similares).
Resultando que, sólo unos meses después de haber realizado sus optimistas promesas electorales, el acusado tuvo que reconocer que la quiebra de su país era inminente y pedir ayuda a la Unión Europea para intentar evitar el desastre.
Resultando que, a partir de ese momento, se dedicó con un entusiasmo digno de mejor causa a engañar a quienes trataban de ayudarlo y a comportarse como un auténtico trilero, negándose a aplicar la mayor parte de las medidas de política económica a las que se había comprometido.
Considerando que es cierto que el acusado y su Gobierno no son los únicos responsables del desastre de su país, ya que el anterior Ejecutivo también había mentido y falseado sus cuentas (pero es jurisprudencia sostenida de este Tribunal que el hecho de que los rivales sean unos sinvergüenzas no es en absoluto excusa para que un primer ministro lo sea también).
Considerando que, con su estrategia, ha causado un daño irreparable no sólo a su propia imagen sino también a la de todos los griegos. Y ha ocasionado además grandes pérdidas a numerosos bancos e instituciones europeas, cuyos directivos no han conseguido aún cambiar la cara de imbécil que se les puso cuando se dieron cuenta de cuál era el valor real de los títulos de deuda que habían comprado.
Este Tribunal condena a Yorgos Papandreu a la pena de seis años, seis meses, seis días y seis horas de presidio por falsario y jugador de ventaja. Dada la confianza que a esta sala merecen las instituciones penitenciarias griegas, la sentencia establece que la pena deberá cumplirse en la cárcel de Sing-Sing, el penal de Alcatraz o alguna otra prisión afamada, en la que al condenado le resulte difícil corromper al director. El Tribunal establece también que no se aplicará reducción de condena alguna hasta que la deuda griega sea pagada. En este punto mostró su discrepancia uno de los jueces, que alegó que esto significa que tendrá que cumplir la pena íntegra, ya que lo de pagar se ve bastante oscuro. Tal observación reforzó, sin embargo, la postura firme de los restantes jueces de la Sala, que lo que quieren es precisamente éso, que se quede en la cárcel.










