Actualidad Económica
Madrid, 22 de julio de 2011
El último marciano
En Madrid, a 20 de junio de 2011, comparece ante este Tribunal de Papel don Hugo Chávez, de vocación y profesión anticapitalista, antiimperialista, defensor del débil y pesadilla del yanqui.
Debe responder el imputado a la acusación presentada ante esta sala por el Ministerio Fiscal, quien, en su escrito de cargos, considera que es culpable del delito de falta absoluta de sentido común, con las agravantes de reincidencia, publicidad y abuso de posición dominante, ya que el hombre transmite sus arengas y peroratas por radio y televisión, lo que hace que escapar de ellas resulte, con frecuencia, difícil para muchos ciudadanos venezolanos que —en expresión popular que es aceptada por este tribunal— lo temen más que a un nublado.
Resultando que el pasado mes de abril de 2011 el señor Chávez, en un acto convocado con motivo de la celebración del día Mundial del Agua, decidió aleccionar a la población de Venezuela sobre los graves peligros que, para la humanidad, supone la existencia del capitalismo.
Resultando que, dispuesto a encontrar pruebas para su infatigable cruzada contra el capital, no se le ocurrió nada mejor que ofrecer a su público una teoría sobre la falta de vida en el planeta Marte. Y que tal teoría consiste en que, en su opinión, no sería extraño que en algún momento hubiera habido vida en Marte; pero a lo mejor llegaron allí un día el capitalismo y el imperialismo y dejaron al planeta hecho unos zorros.
Resultando que, aunque esta sala ha emitido una comisión rogatoria a los tribunales de Venezuela para que le digan si alguien falleció de risa o al caer de espaldas cuando escuchó tan pintoresca idea, no ha obtenido respuesta hasta la fecha, tal vez porque tampoco los jueces venezolanos han conseguido recuperarse de la impresión recibida.
Resultando que el imputado de tan científica afirmación sacó la conclusión de que algo similar está ocurriendo en algunas zonas del mundo que se están deforestando por culpa del consumismo, el capitalismo y el imperialismo.
Considerando que, aunque es norma de esta sala la defensa de la libertad de opinión en toda circunstancia, este tribunal fue constituido en su día para reducir en lo posible la propagación en los medios de comunicación de bobadas, frases absurdas e ideas disparatadas en general, especialmente en el caso de que quienes las difunden se aprovechen para ello de su cargo; y, por ello, ha abierto el procedimiento que culmina con esta sentencia.
Considerando que no es cierto que, cuando en la literatura económica y política se habla de la teoría marxiana de la lucha de clases, la plusvalía o el imperialismo se haga referencia alguna al planeta Marte; y que el imputado debería ser consciente de que, aunque muy similares en su forma, las palabras “marciana” y marxiana” tienen en realidad una significación bastante diferente. Aunque por razones obvias no sabemos lo que don Carlos Marx habría pensado de la aplicación de su obra a otro planeta, este tribunal tiene fundadas sospechas de que no le habría gustado.
Considerando que, si el señor Chávez no fuera presidente de Venezuela, nadie habría hecho caso de sus peregrinas ideas, y la gente se habría limitado a darle a su autor unas palmaditas en la espalda y a invitarle a tomar una caña para pasar con él un rato divertido.
Considerando que nadie niega al imputado el derecho a atacar el capitalismo, aunque esta sala crea que un jefe de Estado debería pensar las cosas dos o tres veces antes de abrir la boca.
Considerando que entre la ironía inteligente y la estupidez hay un largo trecho que el imputado parece dispuesto a recorrer una y otra vez, sin ocuparse lo más mínimo por lo que de él piense la gente.
Este Tribunal condena a don Hugo Chávez a la pena de un año, un mes y un día de reclusión en una cartuja —o establecimiento asimilado— ya que éste puede ser el único lugar en el que se consigue que el acusado frene su incontinencia verbal y permanezca en silencio. El Tribunal autoriza expresamente a los hermanos cartujos a tomar todo tipo de medidas para lograr este loable objetivo, incluido el uso de abundante esparadrapo en la boca del señor Chávez durante todo el tiempo que el prior juzgue necesario para garantizar la tranquilidad de los monjes allí residentes.










