Expansión
Madrid, 27 de junio de 2011

Las prostitutas ganan dinero… y quieren seguir así

Parece que la denominada “Operación Afrodita”, que se llevó a cabo hace ya casi un año en numerosos locales en los que se ejercía la prostitución, se deshace como un azucarillo en un vaso de agua. Más de cien personas fueron detenidas entonces; pero pronto tuvieron que ser puestas en libertad ante la imposibilidad de probar la existencia de delito alguno. Hoy el juez que instruye el caso sigue sin apreciar indicios que le permitan llevar a alguien a juicio; y el ministerio fiscal se inclina abiertamente por el archivo de la causa.

Es una buena noticia. Nunca he entendido la obsesión que una parte de nuestra sociedad tiene contra el libre ejercicio de la prostitución. Y es curioso observar cómo en esta actitud coinciden la derecha conservadora y la izquierda feminista. Ni unos ni otras aceptan que alguien pueda ejercer la prostitución por decisión propia, a pesar de la abrumadora evidencia de que esto es lo que sucede en la inmensa mayoría de los casos. Y el hecho ha sido confirmado, por cierto, en la misma “Operación Afrodita”, en la que las mujeres implicadas han dejado muy claro que han optado de forma voluntaria por ser prostitutas y que aquellas que no están trabajando en la actualidad quieren volver a hacerlo lo antes posible.

Un tema que, como ocurre casi siempre, ha salido a la luz con motivo de estas polémicas es el de los ingresos de las prostitutas. Es muy difícil establecer con precisión cuánto gana una prostituta, no sólo por la opacidad de los cobros, sino también porque la varianza es muy grande. Pero puede establecer una regla general: para un determinado nivel de formación, los ingresos de una prostituta son significativamente más elevados que los de una mujer que tenga un trabajo diferente. Es decir, hay que esperar, por poner un caso, que una abogada de prestigio gane más que una prostituta media; pero, seguramente, cobrará menos que una prostituta del nivel más alto. Y una prostituta de nivel bajo -semianafalbeta, supongamos- gana más que una mujer semianalfabeta que se dedique, por ejemplo, a limpiar oficinas.

Voluntariedad

Estas mayores rentas explican, entre otras cosas, por qué lo habitual es que no haya que forzar a las mujeres a ejercer la prostitución y que elijan el oficio voluntariamente. No me cabe duda de que, si se les planteara la posibilidad, la mayoría de las actuales prostitutas preferirían ser, por ejemplo, notarias o consejeras de un banco. Pero no es ésta la opción que se les presenta; y muchas piensan que es mejor su actual oficio a las alternativas que en la realidad se les ofrecen.

Tal estructura diferenciada de salarios no sorprende a los economistas, ya que refleja una idea bien conocida en nuestra disciplina: a la hora de fijar un salario monetario no sólo se toma en consideración el nivel del capital humano del trabajador, sino también otras circunstancias entre las que se encuentran lo grato o desagradable del trabajo y el prestigio -o desprestigio- que implica el ejercicio de un determinado oficio o profesión. Hace ya más de dos siglos que Adam Smith explicaba en estos términos determinadas diferencias salariales. En lo que a la dureza del empleo hace referencia, señalaba que era lógico que el salario de un minero fuera mayor que el de un cerrajero; y, al analizar el tema del prestigio, ponía su conocido ejemplo de por qué había que pagar muy bien a los verdugos, ya que ejercían el que, en su opinión, era tal vez el oficio “más detestable de todos”.

Ambas circunstancias explican la existencia de salarios elevados en el mercado de servicios de prostitución. En efecto, muchas mujeres del oficio consideran que el trabajo que realizan es poco grato y, lo más importante, sufren una auténtica discriminación por ser prostitutas. Cuanto más intensa sea ésta, más elevada tiene que ser la remuneración que perciben; y, curiosamente, cabe predecir que una mejor aceptación social de su actividad acabaría teniendo como resultado, si las demás circunstancias no se modificaran, una reducción de sus ingresos monetarios.

Al protestar contra la campaña que, el pasado año, emprendió contra ellas el Gobierno de España, algunas prostitutas señalaron que su actividad es muy útil para la sociedad. Tienen toda la razón. Pero no hace falta acudir a este tipo de argumentos para exigir que las dejen en paz en el ejercicio de su profesión. Baste señalar que si una persona, mayor de edad, ofrece un servicio y otra, también mayor de edad, está dispuesta a pagar por él, y ningún tercero resulta perjudicado por la transacción, no tiene ningún sentido impedir que ésta se lleve a cabo. Y si algo hay que rechazar es que, en un asunto de tal naturaleza, se entrometan personas que nada tienen que ver con el tema, sean bienpensantes de izquierdas o de derechas o el excelentísimo señor ministro del Interior.

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4 comentarios

  1. Cristobal Ruiz-Tagle

    Me da asco su economiscismo, osea si yo le pagara lo que ud valora a sus hijos o a su mamá me dejaría matarlos?
    Hay cosas que no se tranzan en la bolsa, entre ellas la dignidad. Eso no tiene precio.
    Pregúntele a las prostitutas por qué quieren seguir trabajando, y la respuesta será para ahorrar y salir rápido de esa mierda de vida, para así olvidar y empezar otra.
    Saludos y cualquier comentario a @cruizta

  2. OGC

    El “Diario de Navarra” publicaba hace unos meses un gran reportaje sobre este tema. Sus conclusiones eran bien diferentes: la mayoría de las mujeres vienen engañadas y son, literalmente, esclavas de los proxenetas.Estas palabras que escribe “lo habitual es que no haya que forzar a las mujeres a ejercer la prostitución” es un juicio de valor, si me permite, repugnante. En el siglo XIX, las viudas y jóvenes sin trabajo que ejercían la prostitución, eran tantas,que éste fue uno de los principales argumentos para conseguir la igualdad legal -y el derecho al trabajo- en el s. XX. Y además, si fuese lo habitual, no vendrían de fuera: tendría usted bastante con las nacionales.

  3. Sebas

    Por encima del bien personal de la prostituta (dinero) y su cliente (placer) está el bien común de la sociedad. No me parece que los efectos de que la prostitución se generalizara (por su legalización, como defiende el autor) fueran positivos para la sociedad. Pienso que la prostitución tiene mucha similitudes con la despenalización del tráfico y consumo de droga. Pienso que es mejor escribir artículos para dignificar a la persona que para favorecer sus tendencias más degradantes.

  4. Administrador

    Cristobal
    Los hijos no son de nuestra propiedad, nuestro cuerpo sí. Con todo el respeto por la dignidad de cualquier mujer y como parece que defiende Francisco Cabrillo, prohibir la prostitución no hace que sus vidas mejoren, en todo caso les deja menos alternativas entre las que elegir libremente.

    OGC
    ¿Que algunas mujeres estén obligadas significa que hay que prohibirlo? ¿Que algunas propiedades sean robadas significa que hay que abolir toda propiedad privada? Lo que habrá es que perseguir a las mafias, pero eso se puede hacer mejor cuando es una actividad libre que cuando sólo puede ejercerse en la clandestinidad. Las mafias surgen de la prohibición.

    Pablo Cerezal.

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