Actualidad económica
Madrid, septiembre de 2011

Un enemigo de la corbata

En Madrid, a 8 de agosto de 2011, comparece ante este Tribunal de Papel Miguel Sebastián, de profesión ministro de Industria y de vocación enemigo del uso de la corbata. Ha sido acusado por el Ministerio Fiscal de violar una norma básica de comportamiento social al presentarse sin corbata en las sesiones del Congreso de los Diputados y sugerir, además, a sus colegas que deberían hacer lo mismo; y esto ha provocado un pintoresco debate con el presidente de la Cámara, que ha hecho pensar a mucha gente que, en momentos en los que cinco millones de españoles están en el paro, la economía del país se hunde y el Gobierno viaja por el espacio sideral, los políticos podrían dedicarse a algo más útil que a discutir sobre el uso de la corbata.

Resultando que el pasado mes de julio un diputado preguntó al ministro de Industria cuál era la relación entre sus propuestas de ahorro energético y el hecho de que hubiera decidido presentarse en las Cortes sin corbata, cuestión que esta sala, por cierto, tras haber consultado a numerosos expertos, estima bastante difícil de responder con precisión. Pero no cabe duda de que esta intervención tuvo la virtud de ayudar a salir de su sopor habitual a más de un miembro del Congreso.

Resumiendo que, aprovechando esta interpelación, el señor presidente echó una pequeña bronca al ministro y le pidió que, por favor, se pusiera la corbata y diera ejemplo a todas las personas que, por reglamento, tienen obligación de usarla, les guste o no. Ante lo cual el ministro afirmó que seguirá haciendo lo mismo, diga lo que diga Bono.

Considerando que la corbata es tenida, desde hace siglos, como un símbolo del buen gusto en el vestir, que causó una profunda impresión a un tipo tan aficionado a la elegancia como el rey Luis XIV de Francia, quien se entusiasmó con esta prenda cuando la vio en los cuellos de los oficiales de un regimiento croata allá por el año 1660.

Considerando que, para algunos discípulos del doctor Freud, la corbata es, además de un signo de distinción, un claro símbolo fálico que, en estos momentos de persecución inquisitorial de los valores masculinos, debería ser apoyado por las Cortes Españolas y las demás instituciones del Reino, y, desde luego, por este modesto Tribunal de Papel.

Considerando que los magistrados que integran esta sala están convencidos de que en este debate tiene toda la razón el presidente del Congreso que demuestra, con la defensa de la corbata su preocupación por la estética de la Cámara; cuestión en la que ha dado, además, un ejemplo a todo el país al cubrir la que era ya una generosa calva con un hermoso trasplante de pelo, que está a punto de acceder a las páginas del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, ya que mucha gente que quiere hacerse un trasplante dice, por ejemplo, “cómo me gustaría hacerme un Bono”.

Considerando que este Tribunal estima carente de validez el argumento presentado por la defensa del imputado, consistente en afirmar que, una vez vistas las caras y el aspecto físico de algunos diputados, mejor sería que no llevaran corbata, dado que (utilizando el lenguaje vulgar para permitir una mejor comprensión de la idea) podríamos decir que esta prenda les sentaría como a un Cristo dos pistolas; y lo rechaza no sólo porque pone en entredicho la dignidad de algunos padres de la patria (que, tal como están en las cosas, mejor sería no rebajar aún más), sino también porque no se ha aportado prueba alguna de que tales diputados resultarían más presentables vestidos de otra forma.

Este Tribunal condena a Miguel Sebastián a la pena de una semana, un día y una hora de arresto, que deberá cumplir en una tienda de ropa para caballeros distinguidos. Durante este período de tiempo, en lugar de vestir el reglamentario traje a rayas de los presidiarios, deberá llevar una corbata que haga juego con la camisa y la chaqueta que él mismo escoja. Se rechaza, sin embargo, la petición del Ministerio Fiscal de que el acusado compre con su propio dinero una corbata para cada uno de los diputados rebeldes y ordena al presidente del Congreso que les entregue una y reduzca su sueldo en la cuantía correspondiente.

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