Empresas
Madrid, 18 de septiembre de 2011
Ante un crecimiento económico débil, ¿políticas expansivas?
Nubarrones se ciernen sobre la economía mundial. A principios de año y tras un crecimiento global del 4,6% en 2010, la recuperación parecía estar consolidada. Hoy sabemos que en el primer semestre del ejercicio actual, el PIB global desaceleró su crecimiento hasta un 3,1%. Los índices de confianza de las empresas y los consumidores han descendido durante los últimos meses en numerosos países.
En los mercados financieros reina una enorme inseguridad, que se manifiesta en los altibajos de las principales bolsas y las primas de riesgo de los bonos soberanos. Además, el tipo de cambio euro/dólar muestra una notable volatilidad, mientras que el franco suizo, al convertirse en moneda de refugio (sobre todo para los europeos) se ha apreciado de tal forma que el Banco Nacional Suizo ha anunciado un tope (1,20 francos/euro) que quiere defender a ultranza mediante intervenciones masivas en el mercado de divisas, asumiendo el riesgo de inflación que un desmesurado crecimiento monetario acarrea.
De repente ha reaparecido el temor de una nueva recesión (incluso en Alemania), junto con la preocupación de que el paro laboral continúe demasiado elevado en diversos países (entre ellos España). No creo que a nivel global vaya haber recesión, pues los grandes países emergentes (China, la India, Brasil) están creciendo a buen ritmo, a pesar de las políticas monetarias un tanto restrictivas que se aplican allí para evitar un recalentamiento de las economías. Pero en los países avanzados, es muy probable que el crecimiento se modere bastante. La reacción política no se ha hecho esperar. La directora ejecutiva del FMI, Christine Lagarde, ha hecho un decidido llamamiento a los gobiernos de Estados Unidos y de los países europeos a que apliquen políticas fiscales expansivas a financiar con deuda pública. Las autoridades estadounidenses también apuestan por recetas keynesianas: Obama pretende aplicar un programa fiscal de expansión coyuntural con un coste de 447.000 millones de dólares entre gasto público adicional y reducciones de cotizaciones sociales (equivalente a casi un 3% del PIB). El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha anunciado que la entidad mantendrá el tipo de interés oficial en el nivel de casi cero y aplazará la fecha de salida de la política de expansión cuantitativa. El BCE probablemente no endurecerá su política en los próximos meses, como se esperaba a principios de año.
Es la confluencia de numerosos factores adversos lo que está debilitando la actividad económica en los países avanzados. Entre estos factores destacan la retirada de los estímulos fiscales concedidos temporalmente durante la última gran recesión, el desapalancamiento por parte de las familias y las empresas con un elevado grado de endeudamiento, y el fuerte encarecimiento del petróleo y de alimentos durante los primeros meses de año.
En la zona euro, lo que más lastra la actividad económica es la interminable crisis de la deuda soberana en diferentes países periféricos. Las ayudas de rescate financiero concedidas a los países afectados (de momento Grecia, Irlanda y Portugal) apenas han aliviado la situación, ya que los programas de ajuste en las economías son insuficientes.
Es cada vez más probable que en Grecia haya que proceder a una reestructuración de la deuda con significativas quitas a cargo de los acreedores privados (bancos alemanes y franceses, fundamentalmente) y del BCE, que tantos bonos helenos ha comprado desde mayo de 2010. Nadie sabe a ciencia cierta qué consecuencias tendría esta medida, pero en los escenarios más sombríos se barajan desde efectos dominó en la zona euro hasta un caos financiero en la economía mundial peor que el ocasionado por la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008.
Así las cosas, el Instituto de Economía Mundial de Kiel, en su reciente informe de previsión económica (del 12 de septiembre) vaticina una caída de la producción en el conjunto de la zona euro hasta el final de año, con lo que el PIB común registraría como media anual un aumento de tan sólo el 1,4% (excluyendo Alemania: 0,9%). En 2010, las tasas de crecimiento habían sido del 1,8% y 1,1%, respectivamente. La propia economía alemana, que tan dinámica se había mostrado, tampoco es inmune al ensombrecido entorno. El ritmo de actividad se ralentizará y el incremento del PIB lo sitúa el Instituto alemán en un 2,8%, casi un punto menos que en el año pasado. Para la economía mundial, el crecimiento esperado en este ejercicio es superior: 3,8%, tras el 5,1% en 2010. Con ello, se mantiene más o menos la velocidad de crucero.
Los actuales factores moderadores de la recuperación constituyen shocks de oferta. Por consiguiente, políticas keynesianas no son apropiadas para fomentar el crecimiento. Reducciones de impuestos y cotizaciones sociales van a ser utilizados en gran parte de la población para reducir la deuda, antes de embarcarse en la compra de bienes duraderos de consumo.
Las empresas adoptarán una postura de espera, no ampliarán sus planes de inversión. Con más gasto público sí se podría ejercer algún estímulo, por ejemplo en la industria de la construcción (infraestructuras). Pero este efecto sería transitorio y tendría un daño colateral grave: el de aumentar aún más la ya abultada deuda pública en los países avanzados. En este año, la ratio de la deuda se situará en promedio en el orden del 100% del PIB. Esto son 10 puntos porcentuales por encima del ‘valor crítico’ para la sostenibilidad de las finanzas públicas, que revelan los estudios econométricos de Reinhart y Rogoff.
El esperado efecto estimulante de la medicina keynesiana quedaría totalmente contrarrestado por la subida de los tipos de interés en el mercado de capitales y la absorción de parte de la renta disponible por los gastos financieros asociados al servicio de la deuda. No sirve darle vueltas: las políticas de austeridad fiscal y reformas estructurales deben de tener una prioridad absoluta frente a políticas de expansión de demanda. Las economías avanzadas no caminan hacia un estado de emergencia, como en el ejercicio de 2009. La probable desaceleración de la actividad es un mal menor, si a cambio se fortalecen las bases para elevar el futuro potencial de crecimiento.










