Vocento
30 de octubre de 2011

Atonía o mejora

De nuevo nos quieren vender la burra vieja de que la economía va mejor porque se ha reducido el déficit. Un pordiosero no suele tener deudas, pero no por eso se puede concluir que goza de una buena situación financiera. Este jueves el Secretario de Estado de Hacienda presumió de que se cumpliría el objetivo del déficit para 2011 del 4,8%, lo que está muy bien, pero no por ello podemos sentirnos satisfechos. La realidad es más compleja y arroja luces y sombras si nos metemos dentro de la cocina de las cuentas públicas. Permítanme dar unas pocas cifras antes de acometer el análisis.

Respecto al gasto, conviene destacar que el déficit del Estado alcanzó los 37.016 millones de euros, un 16,8% menos, dato que es muy fiable al haberse obtenido con la nueva metodología del INE. Este descenso supone que el Estado es más austero al haber reducido el gasto un 19,5%, si bien recorta en lo fácil: un 26,9% en las inversiones y un 35,5% en las trasferencias de capital a CCAA y ayuntamientos (se suprime el fondo de empleo local). Lo peor es que la partidas de personal aumentan un 0,9%.

Respecto a los ingresos fiscales se ha producido un menor crecimiento al haber pasado de un 1,9% de aumento hasta agosto a uno del 0,8% hasta septiembre. La causa se debe en buena parte a los descensos en la recaudación del IVA (-4,9%), del Impuesto Sociedades (-12,3%) y de los Impuestos Especiales (-3%). Los datos que faltan, y donde puede haber muchos disgustos, son los de las Comunidades Autónomas y los gastos financieros de nuestra abultada deuda.

No disminuye el déficit fiscal porque estemos mejor, sino por la atonía de la economía y el ajuste brutal de las inversiones. Este estancado panorama no permite ser optimista porque sitúa a España al borde de la recesión. La inminencia de las elecciones y el tiempo que llevará que el nuevo gobierno sea totalmente operativo supone una espera excesiva para aplicar las contundentes medidas que la situación exige. Además, si se cumplen los pronósticos de que gane el Partido Popular, la inminencia de los comicios andaluces retrasará la aplicación de los recortes impopulares que nuestra economía necesita. ¿Aguantará Europa tanto retraso, o nos intervendrá?

La solución para que la recaudación aumente no está en subir los impuestos, sino en todo lo contrario: bajarlos para dinamizar la economía. Cuando el esfuerzo fiscal (Índice de Frank), que es el indicador más valido para medir el coste que tiene el gasto público para los contribuyentes, es excesivo (mayor que en Alemania), los que generan riqueza y empleo se desincentivan. Tal como muestra la Curva de Laffer, cuando los particulares son esquilmados a impuestos se recauda menos. Los que tienen más capacidad financiera sólo se animan a invertir cuando su riesgo puede tener un posible beneficio tras pagar los tributos. En este sentido, la recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio es sin duda la medida más lesiva contra ese ahorro que tanto se necesita para amortizar la deuda y la financiación de proyectos empresariales.

Lo que tiene que hacer España si quiere salir de la crisis es crecer al 3%, porcentaje a partir del cual se crea empleo. Esto requiere que el Estado gaste poco, que los recursos tengan beneficios cuando se destinan a la economía productiva y fomentar una actitud emprendedora, menos miedosa. Nuestro populista gobierno ha sabido provocar estos años una obsesión por la seguridad muy rentable políticamente. Nos fríe a impuestos para darnos un bienestar demasiado caro por los abusos del ‘gratis total’. El peaje peor de nuestro elevado esfuerzo fiscal es la pérdida de libertad que supone manejar una menor renta disponible. Lo que más nos diferencia de los países que admiramos es que sus ciudadanos son más respetados por los políticos. ¡Pena que no haya más sociedad civil en España!

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