Diario de Navarra
Pamplona, 1 de septiembre de 2011
Cierre del Consejo Audiovisual
Hay instituciones públicas cuya existencia es conveniente en una economía próspera, pero que van contra el bien común cuando se mantienen en una brutal crisis económica. Hoy los ciudadanos exigimos que los escasos recursos públicos no se gasten en organismos prescindibles, sino que se inviertan en generar valor y empleo. Nuestro ostentoso afán de singularizarnos provocó la creación en 2001 del Consejo Audiovisual. Sin duda no hubiera sido necesario si nos hubiéramos aplicado la normativa que funcionaba bien en otras Comunidades, pues atiende a un sector muy pequeño. Hoy no admite discusión ese ahorro para necesidades más acuciantes.
El Consejo está formado por un presidente, cinco consejeros y un secretario. La plantilla se compone de cinco funcionarios y dos eventuales. Este organismo gastó el año pasado 536.000 euros, cantidad excesiva si se tiene en cuenta que tenemos déficit.
Conviene dejar claro que este organismo autónomo ha sido eficiente en las labores que tenía encomendadas. Entre sus logros está el conseguir que los contenidos de las cadenas navarras respetasen los horarios convenidos de protección de menores y que Canal 4, emisora del grupo Prisa, dejara de emitir películas pornográficas en abierto todos los días. Asimismo, la laboriosidad del Consejo también es encomiable. En 2010 el organismo emitió 30 informes sobre el seguimiento de la programación radio y televisión, seis sobre los contenidos de publicidad y cuatro acerca de la protección del menor. También gestionó 72 reclamaciones presentadas ante la Oficina de Defensa de la Audiencia.
La Presidenta de la Comunidad ha sido consecuente con la austeridad prometida el día que juró el cargo. Aunque el funcionamiento del Consejo ha sido correcto, Barcina ha optado por la dura medida de la supresión de un organismo público. Este precedente es una decisión poco común para la clase política española, porque ‘el régimen’ prefiere aumentar su poder mediante la creación de nuevas instituciones donde, en ocasiones, se beneficia a amigos y familiares. El caso más sangrante del abuso de organismos parapúblicos es Extremadura, donde por cada 1.000 trabajadores 243 son empleados públicos, siendo la media nacional un centenar menos.
El Gobierno debe seguir en esa línea valiente que ha comenzado porque no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época. Hoy no basta hacer mejor lo mismo de siempre, sino aplicar acciones distintas. Reducir el gasto público es una recomendación de Europa en la que ser ejemplares nos prestigia. Además puede tener un ‘efecto llamada’ de inversores. Recortes como ese pueden atraer no sólo capital físico, sino también humano: lo que atrae al mejor talento es apreciar que la sociedad civil es fuerte y que no se derrocha en gastos superfluos y políticos. Sin embargo, no basta hacerlo bien, es esencial también difundirlo en los medios de comunicación nacionales. Es una pena que Navarra no sepa ‘vender’ sus éxitos en los foros donde se decide la implantación de nuevas empresas.
El cierre del Consejo Audiovisual es un primer paso para la reorganización del sector televisivo foral. Como estamos en crisis necesitamos que Navarra tenga mayor visibilidad nacional para que nuestros puntos fuertes sean conocidos. Esto exige capacidad para generar noticias prestigiosas de Navarra que puedan retrasmitir cadenas nacionales y que la señal se emita por un satélite y sea vista en toda España. Los tres millones de euros de subvención que reparte el Gobierno entre las tres cadenas privadas, cantidad ridícula frente a los 200 millones que recibe la Euskal Telebista, se rentabilizarían mejor si las tres emisoras de TV se integraran en una sola. Quizás el austero y eficaz modelo de Castilla y León pueda ser útil como referencia.










