Vocento
Madrid, 17 de julio de 2011

Más ética y menos cosmética

Ha pasado prácticamente desapercibido el informe trimestral de la ‘zona euro’ publicado el pasado miércoles, en plena crisis de la deuda. En síntesis, la Comisión Europea prevé una ralentización en los próximos trimestres, que será desigual en los diferentes países de la UE. El decepcionante documento echa mano del manual para describir la situación sin profundizar en las causas, por lo que no resuelve nada.

El políticamente correcto informe no denuncia que una de las causas de este pronosticado estancamiento es el mal uso de los siempre escasos recursos. Es desalentador que el poco dinero disponible se derroche en alimentar la bulimia de un Estado del bienestar insostenible, cuya gratuidad promueve un consumo desaforado de todas las prestaciones accesibles. En EEUU y Europa llevamos muchos años viviendo por encima de nuestras posibilidades, porque tenemos demasiados políticos populistas, quienes no tienen la grandeza de explicar la verdad a los ciudadanos y adoptar las duras medidas que la situación exige. Cuando se prefiere apostar por la cosmética de ocultar la verdad, frente a la ética de la sinceridad y de cumplir con el deber, la situación empeora hasta que la evidencia de la catástrofe obliga a una intervención salvaje. La crisis provocada por Grecia es una demostración de que cuando no se corta por lo sano a tiempo los abusos de un pequeño país para seguir vendiendo éxito, al final peligra la economía de toda la Unión Europea.

La imperiosa necesidad está obligando a practicar la impopular política de la austeridad. Sarkozy ha propuesto una reforma constitucional al Congreso francés para que en tres años no pueda haber déficit presupuestario. El Senado italiano ha aprobado un copago de 10 euros por cada visita al médico especialista, y de 25 cuando se acude a urgencias. En España se tendrían que poner de acuerdo los principales partidos para implantar medidas semejantes a las citadas. Además, hay que disminuir el gasto público del personal al servicio de la Administración, incentivando el buen desempeño, de tal modo que el que más rinda también cobre más. Sin reducción del gasto público, no habrá recursos en los bancos con los que financiar a las empresas, con lo que no se logrará el crecimiento de la economía. También bajar impuestos estimularía la demanda, y esa bonanza aumentaría la recaudación. España tiene que demostrar que no es Grecia, convenciendo a los mercados con recortes que provoquen una drástica reducción de lo que gasta. Ese es el modo de que baje nuestra elevada y carísima prima de riesgo, y de que retorne la confianza internacional en nuestro país.

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