ABC
Madrid, 3 de diciembre de 2011
Merkel y los listillos
Ayer la canciller alemana necesitaba convencer de que el bienestar a largo plazo de Alemania exige ayudar a corto a la Europa despilfarradora, eso sí, exigiendo rigor. ¿Cómo hacerlo sin crispar a unos teutones que están hartos de esforzarse para pagar vicios ajenos? Angela Merkel hizo de la necesidad virtud y emuló a Helmut Kohl. Su discurso fue un manifiesto por la refundación de Europa como el de Sarkozy la víspera. Ambos mandatarios se constituyen en guardianes de la ortodoxia fiscal porque temen una recesión a la japonesa.
El «leitmotiv» de su proclama fue mostrar que la solidaridad sólo se puede reclamar desde conductas responsables. Merkel se negó a unos eurobonos sobre los que los países que más arriesgan no tengan capacidad decisoria y que podrían alimentar el despilfarro. La reforma de los tratados para garantizar ese control es el único camino. Europa puede ser un gigante o un débil conglomerado de pequeñas naciones. Todo depende del grado de cohesión interna que se logre. La UE y el euro se fortalecerían si la suma de países diera una única región económica con masa crítica. Además, un euro fuerte y una política acertada favorecerían la entrada del Reino Unido en el euro. En ese momento nuestra divisa tendría mayores ventajas.
La clave para que los países cumplan sus compromisos es la posibilidad de ser expulsados del euro. Una organización que no tenga unas reglas de salida inmediata para los grandes incumplidores tiene una fuga de energía permanente: la de los listillos que se aprovechan del esfuerzo de los honrados. El reto para conseguir que una misma política monetaria sirva a países con una inflación, desempleo y productividad diferentes pasa por abolir tanta legislación que impide la libre circulación de bienes y de la fuerza laboral.










