Diario de Navarra
Pamplona, 25 de octubre de 2011
Navarra se la juega
Agradecería que se leyera este artículo ya llorados. Aunque hay muchos errores pasados por los que lamentarse, los agobios quitan lucidez para asumir los retos que nos aguardan. Ayer se publicó el anteproyecto de los presupuestos Generales de Navarra 2012 (PGN) y admito que lo acogí con saña para hacer una crítica implacable, en la línea de mis cinco estudios precedentes sobre los PGN con el hacendista Rubio Guerrero y de mi libro Taxation in Europe (París 2009). En esta ocasión les confieso que por primera vez he visto bastante sensatez, aunque sea forzada por la penuria.
Los PGN están caracterizados por la austeridad que impone un límite de déficit de un 1,3% y la ineludible cautela por la delicada situación de España y Europa. La disminución drástica del gasto público es obligada. De otro modo, una Administración bulímica devoraría los escasos recursos y las empresas, al carecer de financiación, no generarían ni riqueza ni empleo, con lo que nuestro Estado de Bienestar sería insostenible. Hay algunos ‘iluminados’ que pontifican que la mejor alternativa es la receta keynesiana: endeudarse, aumentar los funcionarios y subir impuestos. Estos indocumentados desconocen que Keynes recomienda no aumentar la deuda cuando se debe demasiado y la economía no prevé un crecimiento suficiente para abonar los intereses de un mayor endeudamiento.
Los PGN logran contener el gasto público (-2,95%), mantienen el gasto social en el mismo porcentaje que en 2011 (51%), no paran el TAV y apenas tocan las inversiones (-2,44%). Sorprende que aumenten los ingresos no financieros (Impuestos y Tasas) en un 1,7%, pero se justifica por el aumento del 8% que experimenta este año la recaudación. La cifra que ofrece más dudas es el crecimiento del PIB de un 1,9%; aunque es el dato que habrán proporcionado los simuladores, es probable que España nos repercuta más negativamente de lo que ahora se calcula. No se entiende como Elena Salgado declare que España crecerá al 2,3%. Si, ya se sabe, el que venga detrás (¿Rajoy?) que arree y el papel todo lo aguanta, pero la media de las doce instituciones más prestigiadas estiman un 0,7% de crecimiento al PIB español. El dato que más me ha impresionado es la reducción de un 0,11% en el capítulo I (personal). Es ridícula esa disminución, pero es la primera vez que ocurre y apunta en la buena dirección. Tenemos demasiados funcionarios en áreas en que la oportuna subcontrata ahorraría ese dinero que Navarra necesita para dinamizar su economía productiva.
El apartado en el que la crítica es inevitable es el Impuesto sobre el Patrimonio. Al margen de su cuestionable legitimidad y el perjuicio para dinamizar la economía, no es de recibo que se aplique sobre este mismo año 2011. Los contribuyentes tenían el derecho de conocer el nuevo tributo en enero para prever cómo satisfacerlo. Los ciudadanos que tienen bienes que no generan rentas van a ser los más perjudicados por esta improvisación. No importa que el Estado haga lo mismo, porque la actuación es injusta aunque la hagan los demás. Además si alguna Comunidad autónoma prefiere no imponer este impuesto quizá se erradiquen algunas fortunas ahora en la Comunidad foral.
Otro asunto que requiere un cambio radical es el método continuista de elaborar el presupuesto. Lo adecuado es confeccionar las partidas de gasto a partir de las necesidades, no de lo que pasó antes, porque cada vez que entra una partida nueva se convierte en estructural, con lo que necesidades caducas priman sobre las nuevas.
La marcha de la economía depende de dos factores, uno cuantitativo (que está condicionado por la política económica que marcan los Presupuestos y la productividad), y otro cualitativo: una expectativa de confianza en las propias posibilidades. Si se exceptúa el déficit, Navarra está en una situación aceptable en la primera componente, pero deja que desear en el segundo factor porque la comunicación del Gobierno es desacertada. Pondré como ejemplo el ‘parto de los montes’ del anuncio de las primeras medidas. Tras tanto estruendo de un Ejecutivo reunido en pleno ante los medios de comunicación, como si se fuera anunciar el fin del mundo, el ratoncillo que salió del parto fue un conjunto de medidas tan insignificantes como insuficientes. Lo peor es que se sembró alarma social sin fundamento, lo que perjudica la credibilidad que requiere la aludida confianza.
Sería desastroso para el porvenir de Navarra que los ciudadanos nos echáramos a la calle movidos por no aceptar dos años de una llevadera austeridad, porque lo podríamos pagar con una década de recesión. Por el contrario si Navarra crece y mantiene la calificación de su deuda nuestra Comunidad puede tener un gran atractivo para atraer inversores. Por ultimo recordar que la primera obligación del Ejecutivo para despertar confianza es demostrar una unidad inquebrantable. UPN y PSN tienen que estar dispuestos a sacrificar su popularidad y sus deseos de protagonismo por el bien de nuestra tierra, porque, ¡Navarra se la juega!










