ABC
Madrid, 31 de diciembre de 2011

Obligadas, pero inconvenientes

Ayer Soraya Sáenz de Santamaria sorprendió cuando dijo que “estamos ante una situación extraordinaria y no prevista”. Estoy convencido que el nuevo ministro de Economia no ha improvisado nada, sino que tenía perfectamente claras las posibilidades que ofrecía el primer Consejo de Ministros operativo. Tampoco creo que la vicepresidenta estuviera impresionada por un déficit superior al 8%, porque era una estimación ya adelantada por Funcas hacía diez días. Sin embargo, necesitaba exhibir un cifra oficial como prueba irrefutable para justificar los nuevos recortes.

Si se repasa el conjunto de anuncios de la portavoz del Gobierno, coincidirán conmigo en que responden a tres motivaciones. La primera es que al estar recién llegados han metido el bisturí donde podían recortar, como la congelación de los sueldos de los funcionarios, evitar que éstos aumenten y reducir un 20% las subvenciones a partidos y sindicatos. La segunda intencionalidad ha sido recaudar más impuestos en las rentas medias y altas, lo que supondrá unos 6.000 millones entre IRPF e IBI. La tercera aspiración ha sido evitar todo aquello que pueda tener una contestación fuerte en la calle, dentro de un mensaje de solidaridad con los más débiles. También han sido suaves con los grupos de presión sindicales, quienes estarán satisfechos y no harán demasiado alboroto por que se les recorte sólo un 20% en las ayudas directas.

Lo peor de estas medidas es que, aunque pueden servir para mandar un mensaje a los ciudadanos y sobre todo a los mercados, no tienen utilidad para relanzar la economia. Reducir el déficit es una obligación, pero conseguirlo no conlleva que la economia arranque. En resumen, el Gobierno ha tenido que imponer estas medidas para rebajar el déficit súbitamente y que Europa confíe de nuevo en nosotros, pero no es lo que más conviene a medio plazo. Castigar el ahorro y las rentas por trabajo, quizás un peaje ineludible, desincentiva a los trabajadores más productivos. Es deseable que a partir de este “apretón impositivo” se atrevan a una buena reforma laboral y se propicie la iniciativa del sector privado, que es el que genera riqueza.

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