Diario de Navarra
Pamplona, 20 de julio de 2011

Parlamento sin crisis

Es una realidad innegable que la valoración ciudadana del oficio legislativo está bajo mínimos. Esta semana el Parlamento foral ha contribuido a su devaluación social al demostrar lo poco que le preocupa la crisis: la mayoría de los parlamentarios se han acogido al régimen de dedicación exclusiva. ¿No podían haber seguido trabajando los nuevos parlamentarios en sus profesiones correspondientes y cobrar dietas? Si es que no tienen un empleo a que dedicarse, resulta cuestionable su valía como parlamentarios, por lo que no se entiende que sus partidos les hayan escogido como sus miembros más válidos para una función legislativa. Tampoco el contribuyente entiende que las personas que han pasado del Gobierno al Parlamento puedan cobrar dos sueldos públicos: las cesantías y las dietas.

Otro derroche incomprensible es el aumento del número de asistentes nombrados a dedo en la nueva legislatura: de nueve han pasado a doce. Ahora que hay tantas señorías que supuestamente se dedican completamente al Parlamento, resulta insultante este aumento de ayudantes.

Nuestra Cámara foral ostenta dos vergonzantes rankings nacionales. Si ustedes dividen el coste de cada Parlamento autonómico entre el número de habitantes de la Comunidad correspondiente, sale que el que más paga es el navarro. También, el Parlamento foral, tras el de La Rioja, es el que más parlamentarios tiene para la población de nuestra región. No por tener más parlamentarios somos más demócratas, ni nuestra legislación privativa va a ser mejor, sino al contrario: damos la mala imagen de región que más malgasta en su parlamento. Los países más avanzados son los que la proporción del coste del sistema político y el importe del PIB es menor, porque supone un mayor poderío de la sociedad civil. Muy pocos ciudadanos consideran que para elaborar la parte de legislación propia vinculada al Amejoramiento, la que es distinta a la del resto de CCAA, se necesiten medio centenar de señorías y tanto coche oficial, ahora más signo de ostentación que de prevención.

El Parlamento debiera de fijarse en la política de austeridad que ha impuesto la nueva presidenta del Ejecutivo foral. Barcina ha tenido un comportamiento ejemplar al reducir en una tercera parte el número de los Consejeros del Gobierno de Navarra y en una cuarta parte el número de altos cargos y personal de libre designación. Ha debido ser duro para la presidenta el poner en la calle a personas de profesionalidad probada que estaban en cargos de libre designación porque así lo exigía la austeridad.

Los casi 900.000 euros ahorrados por Barcina representan una demostración innegable de que se está tomando muy en serio las recomendaciones para salir de la crisis que le sugirieron los expertos económicos que le consiguió Civismo el último año: Juergen Donges (asesor de varios cancilleres alemanes), Luis de Guindos (Economista del Estado), Manuel Pizarro (ex presidente de Endesa), Fernando Eguidazu (vicepresidente del Círculo de Empresarios), Francisco Cabrillo (presidente del Consejo Económico y Social de Madrid), Juan José Toribio (ex director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional) y Pedro Schwartz (último Premio Rey Juan Carlos de Economía). Lo importante no es escuchar a los mejores gurús, sino llevar a la práctica lo aprendido.

Si de verdad nuestros parlamentarios quieren ganar credibilidad entre los ciudadanos y merecer su respeto, lo que tendrían que hacer es replicar las medidas que ha implantado Barcina en el Gobierno y ahorrar una cuarta parte del gasto del Parlamento. Por ejemplo, sería deseable que el número de parlamentarios con dedicación exclusiva se redujera a los miembros de la Mesa y a la Junta de Portavoces, y que el resto cobrase dietas por sesión. ¡Obras son amores y no buenas razones!

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