ABC
Madrid, 18 de agosto de 2011

Perjudicial armonización

El modo más eficaz de cargarse la competitividad de los países europeos es una directiva comunitaria que imponga una armonización fiscal homogénea. Merkel y Sarkozy se han equivocado al pactar un mismo impuesto de sociedades en su países a partir de 2012. Es una verdad irrefutable que la competencia fiscal incentiva una mayor eficiencia en el gasto, en la medida que induce una disminución de su parte improductiva.

Los impuestos que ofrecen los Estados que gestionan austeramente los recursos públicos suelen ser menores que los partidarios del populista ‘gratis total’. Una tributación reducida supone siempre una ventaja competitiva para inversores y empresas. Ésta es la causa del despegue que tuvo Irlanda en la época que fue denominada ‘el tigre celta’. Que pena que el Gobierno irlandés se empeñara en un rescate bancario excesivo; de otro modo continuaría siendo sido un ejemplo a imitar. En cualquier caso fue admirable que este pequeño país, a pesar de las presiones de Francia y Alemania en el Consejo europeo de mayo, se negase a subir el Impuesto de Sociedades. Los irlandeses fueron conscientes que su prosperidad se basa, en buena parte, en el atractivo fiscal que supone que ese tributo sea el 12,5%.

Es España, por el contrario, su Ejecutivo es cerril en admitir que son beneficiosas las medidas impositivas que nos igualen a los países ‘locomotora’. Debieran percatarse que en la diferencia puede estar nuestro valor añadido. Es un error perder la potencialidad que implica distinguirnos por tener un marco fiscal atractivo. Por otra parte, nadie se cree que aumentar el conjunto de impuestos para igualarlos a los que pagan los alemanes y franceses nos proporcionará sus mismos servicios sociales. Por el contrario, una mayor tributación tiene el riesgo de desperdiciarse en alimentar la bulimia de los voraces Estado central y autonómico. Ahora lo capital no es armonizar la fiscalidad, sino reducir el déficit y la deuda.

Compartir



Escriba un comentario