ABC
4 de febrero de 2012
¿Rehén de los sindicatos?
Tras la reforma financiera viene la más problemática, la laboral. Ésta es, sin duda, el mejor test para conocer la audacia de Rajoy. Hay dos variables que condicionan la decisión del presidente. De un lado, una reforma laboral muy exigente podría costarle perder las elecciones en Andalucía. Si en esta comunidad gana el Partido Popular, el Partido Socialista quedará sin fuerza, sin puestos de libre designación y sin dinero para bastantes años. De otro lado, la reforma laboral no puede esperar más. Ha habido 177.470 nuevos parados más en el mes pasado y el paro juvenil alcanza el 49%. No hacer nada que convenza y tenga consecuencias inmediatas puede provocar un estallido social que haría perder la iniciativa al Ejecutivo.
Si lo que ha salido en los medios sobre las nuevas medidas se confirma, la reforma será como las anteriores: un sonoro fracaso más. El Ejecutivo debe dejar de ser rehén de los sindicatos, para lo que es imprescindible que les pierda el miedo y aguantar la huelga general. Rajoy debe aprovechar que nunca como ahora los sindicatos y sus liberados han estado tan cuestionados. Es el momento de ahorrarse las subvenciones y quitarles su privilegio para impartir formación con los 1.500 millones de la Fundación Tripartita.
El empleo puede repuntar si el salario se acopla a la productividad y los beneficios, si desaparecen las rigideces de los convenios colectivos, se da mayor libertad en la negociación, si se baja el coste del despido, si se incentiva la creación de empleo mediante bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social, se ofrece un complemento salarial a quienes acepten empleos por debajo del subsidio para compensar la pérdida, etc…
El presidente del Gobierno tiene en su mano aprovechar la legitimad que le proporciona la peor crisis de nuestras vidas para tomar las medidas que el país necesita. Rajoy puede pasar a la historia como un político pusilánime y voluntarioso más, o como un genuino estadista que devuelva a España al lugar que merecemos sus ciudadanos.










