Diario de Navarra
Pamplona, 12 de junio de 2011
Semana de infarto
SEMANA de infarto la que hemos pasado muchos navarros en espera del resultado de la votación de alcalde de Pamplona. La elección de Enrique Maya no solo supone que el nacionalismo independentista no gobernará la capital navarra, sino, sobre todo, albergar la esperanza de que UPN y PSN habrán tenido también que llegar a algún acuerdo similar para Navarra. Aunque ha habido momentos complicados por algunas incomprensibles declaraciones del Secretario General del PSN que han causado alarma social, al final se ha impuesto la cordura que ha caracterizado a los líderes socialistas navarros.
Se ha especulado mucho sobre la intervención de Rubalcaba en la decisión de Roberto Jiménez. Está muy claro que el pan para hoy que supone ocupar cargos con apoyos directos o indirectos de los amigos de ETA, sería una hambruna suicida para el PSN en las inminentes elecciones generales. Afortunadamente el Secretario General de los socialistas
navarros es muy consciente que hay líneas rojas que no se pueden traspasar porque desnaturalizan la identidad de nuestra tierra como Comunidad diferenciada. Me consta que la primera reivindicación de los terroristas en las negociaciones ha sido iniciar un proceso para anexionar Navarra al País Vasco. El PSOE sabe que aprovecharse ahora del río revuelto tendría el castigo ejemplar de perder muchos escaños en toda España. Probablemente ha pesado mucho más en Roberto Jiménez su responsabilidad con Navarra que los mandatos de Ferraz, aunque también habrá contado que gobernar con la espada de Damocles de Bildu sobre su cabeza sería un infierno seguro.
No estoy de acuerdo con la autoinculpación que hace el Secretario General del PSN del mal resultado de su partido en las urnas. Creo que el desastre electoral tiene una causa ajena al proceder de los socialistas navarros. Ha sido el “efecto Zapatero” el que en Navarra, como en el resto de España, ha hecho estragos. Cuando se apuesta por la ideología y el revanchismo a costa de la convivencia de los que piensan distinto, el resultado es un siniestro económico total.
Citaré algunas de las supuestas ‘conquistas’ que al haberlas hecho prioridades han impedido un genuino avance de la nación: Alianza de las Civilizaciones, la pérdida del sentido de Estado, cargarse la Ley Orgánica de Calidad de Enseñanza que defendía el mérito escolar, la subordinación de la Justicia al Ejecutivo, permitir abortar a las adolescentes, desenterrar la guerra civil, dejar que los sindicatos impidan la regulación laboral que exige Europa, la imposición de un igualitarismo que tanto perjudica a la mujer valiosa y, por último, favorecer una actitud de que el Estado ‘nodriza’ será capaz de resolvernos la vida de la cuna a la tumba, aunque no hagamos nada para merecerlo. Tanta ideología y tan poco realismo han provocado una situación económica próxima a la intervención europea y presentar el mayor paro de Europa.
La conclusión es que Roberto Jiménez no ha perdido los votos, los ha perdido José Luis Rodríguez Zapatero. La responsabilidad del líder del PSN se ha traducido en que Navarra sea la segunda región que mejor está sorteando la crisis, lo que ha hecho que el resultado electoral sea menos malo para el PSN. Este éxito, quizá no lo reconozcan los militantes, pero lo saben muy bien los votantes socialistas. Es de esperar un pacto constructivo y coherente en que prime el bien de Navarra sobre el de los partidos firmantes. El horno no está para bollos y ahora toca austeridad, lo que supone que el gasto social debe reducirse. Aunque la decisión sobre el gobierno no debiera demorarse para mostrar estabilidad y estimular la confianza, si no se puede lograr un pacto en el que de verdad crean los intervinientes, lo sensato sería convocar nuevas elecciones.










