Vocento
Madrid, 18 de diciembre de 2011
Sindicatos y paz social
España es el campeón europeo del paro, triste récord en el que sindicatos, patronales y políticos se reparten la culpa. Los sindicatos son en parte responsables del desempleo porque han preferido no cambiar nada, antes que recortar unas condiciones laborales que perjudican la competitividad. Las patronales tampoco han estado a la altura de la crisis porque no han tenido el valor de plantarse ante reivindicaciones que impiden la flexibilidad que las empresas necesitan; por el contrario se han plegado a aparentar consenso para dar una imagen conciliadora a la par que recibir subvenciones. Por último, los políticos son los mayores causantes del paro, porque han preferido someterse al chantaje de las exigencias sindicales para tener paz social y beneficios electorales.
Rajoy no podrá hacer reforma alguna si no se dan tres condiciones. La primera es que los sindicatos acepten medidas que permitan que las empresas ajusten el personal a sus necesidades cambiantes, lo que exige un despido a coste asequible. La segunda es que termine de una vez el sistema de convenios colectivos y que empresarios y trabajadores puedan negociar su contrato en libertad. Las situaciones de unas compañías a otras son muy distintas, por lo que imponer un mismo patrón regulatorio a todos dificulta la rentabilidad. La tercera es que el Ejecutivo se atreva a aguantar el chaparrón de una huelga general e imponga por decreto una reforma que facilite la contratación, a la par que convenza a Europa.
El modo que tiene Rajoy para imponerse comienza por perderles el miedo y de un modo claro anunciar que los sindicatos tienen que vivir de sus cuotas y con ellas pagar a sus liberados y a sus plantillas. Esto supondría el cese de subvenciones directas y la desaparición de la Fundación Tripartita, un organismo público para formar a los trabajadores que tiene un presupuesto de 1.500 millones anuales. Si los sindicatos y las patronales dejaran de ser los que imparten la formación continua a los trabajadores, sus recursos se reducirían seriamente, lo que les llevaría a ser mucho más razonables.
En un mercado abierto y competitivo no tiene sentido que estos agentes sociales tengan el privilegio de la exclusiva para impartir la formación continua. El modo de hacerlo es dar a cada trabajador un bono de formación para que éste elija la institución acreditada donde aprender lo que él considere más oportuno. Al fin y al cabo ese dinero sale de lo que se le descuenta de la nómina para esa finalidad, razón por la que al trabajador debe poder elegir.
Europa no va a admitir más paripés en la regulación laboral, porque saben que, si el dinero se dedica a subvencionar parados, ni se van a generar recursos para conseguir el objetivo del déficit, ni podremos pagar nuestra abultada deuda. Otro asunto es la rebaja de las cuotas de la seguridad social. Habría muchos contratos más si los empresarios redujeran el coste de pagar los seguros sociales de sus empleados. El dinero que el Estado se ahorraría por satisfacer menos subsidios es mucho más que el que costaría abonar esas cuotas de la seguridad social.
El Gobierno de España tiene que darse cuenta que es mejor un joven con un salario muy reducido que un parado con un subsidio. Es muy fácil la crítica de medidas que aumenten el empleo mediante contratos de bajos salarios, pero el drama humano que significa no poder ejercer las propias capacidades y depender de los servicios sociales es más deprimente. Los Servicios Públicos de Empleo son una institución que debe ser cuestionada porque ha demostrado su ineficacia como promotor de empleo. El número de personas a las que les consigue trabajo es menos del 5% de los nuevos contratos. Convendría privatizar estos organismos públicos y favorecer iniciativas privadas a las que se dieran incentivos por un buen desempeño. Se mejoraría la oferta de empleo si se disminuyera la burocracia en las contrataciones de trabajo por horas. Esto, a su vez, permitiría luchar contra la economía sumergida.
En este grupo, hay quienes cobran el paro y a la vez trabajan en negro. No nos debería extrañar, porque en el fondo todos respondemos a incentivos y si a alguien recibe un subsidio de desempleo a cambio de no hacer nada, no trabajará por menos. Al final, quedan atrapados en las ayudas, en vez de verse apoyados por ellas, ya que los parados de larga duración van descuidando sus habilidades y haciéndose más dependientes. En cambio, el Nobel Milton Friedman proponía un impuesto negativo a la renta en los tramos más bajos que constituiría un colchón para los malos tiempos pero permitiría progresar a los parados porque se iría eliminando progresivamente hasta que ganaran una cantidad mínima. Mientras que éste es un modelo de riqueza, nuestro sistema actual genera pobreza, porque la manera de maximizar los beneficios es trabajar lo máximo que permita el subsidio.
En conclusión, todo tiene que cambiar para que el empleo comience a crecer. Hay una mentalidad pasiva de trabajador por cuenta ajena que debe ser sustituida por una actitud más responsable y activa que lleve a procurarse oportunidades de empleo.










