ABC
Madrid, 1 de agosto de 2011

Todos perdemos

Lo que está pasando en EEUU es un ejemplo clamoroso más de la catástrofe que causan los políticos cuando subordinan la economía del país al interés electoral del propio partido. El tenso enfrentamiento sobre la elevación del techo de deuda entre republicanos y demócratas, es posible que haya conseguido contentar a algunos votantes, pero el resultado es que todos, tanto los norteamericanos como el resto de ciudadanos del mundo, hemos perdido en la contienda. Ahora ya es irrelevante el acuerdo concreto que alcancen, porque el perjuicio ya está hecho. La demora en la resolución de la crisis ha provocado una incertidumbre dañina en la economía mundial en el peor momento, lo que tendrá consecuencias serias. Esos falsos patriotas están jugando con fuego y si continúan otra semana más discutiendo pueden provocar un incendio incontrolable: una recesión mundial.

La crisis económica está afectando no sólo a EEUU (no crece apenas el PIB, consumo por los suelos y alto desempleo), sino también a Europa (crisis de la deuda y baja competitividad de algunos países) y Japón (efectos del tsunami). Vivimos en un mundo global y añadir incertidumbre sale muy caro porque el miedo no conoce fronteras, tal como lo demuestra la apreciación del franco suizo y del oro. Los mercados van a penalizar la inseguridad provocada por los políticos norteamericanos. Es probable que la calificación de la prima de riesgo de su gigantesca deuda descienda, lo que aumentará el precio del dinero y el coste de la financiación de las empresas. Además como los planes de pensiones de EEUU sólo pueden invertirse en países con triple A, les costará más colocar la deuda y sin duda será a un interés más alto. Este mayor gasto favorecerá el estancamiento de las economías estadounidense y europea.

Convendría que en España populares y socialistas aprendieran de los errores del diálogo de sordos de republicanos y demócratas. No puede existir crecimiento económico si no se estimula la confianza. Ésta no se suscitará si los dos grandes partidos no se ponen de acuerdo en las cuestiones claves. Por ejemplo, evitar el déficit e implantar la reforma laboral que necesitan las empresas.

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