Expansión
Madrid, 19 de enero de 2011

Última redada: ¿fin de ETA?

El nuevo éxito cosechado ayer por la policía en su lucha contra los terroristas de ETA hace preguntarse si nos encontramos ya ante el final de la actividad de esa banda asesina. La respuesta es que todo depende de la actitud que los políticos adopten ante las declaraciones de fin de la lucha armada.

La ambigüedad demostrada por Patxi López respecto a si el fin de la banda terrorista debe conllevar la existencia de vencedores y vencidos es muy triste y constituye un mal punto de partida. El lehendakari afirmó que el final de ETA “debe ser la victoria de la democracia y de los demócratas, de la convivencia, la libertad, los valores y los principios democráticos”. Lo que tenía que haber dicho con contundencia es que los etarras no son demócratas, con lo que habría vencedores y vencidos.

También decepciona la afirmación del presidente del PSOE vasco, Jesús Eguiguren, abogando por legalizar a Batasuna en cuanto los terroristas anunciaran el alto el fuego. De nuevo volvió a acertar en su pronóstico de adelantar un movimiento de estas características alrededor de Navidad. ¿Es su declaración pública la parte B del ‘acuerdo’?

Situación insostenible

Esos matones anuncian el fin de sus actividades porque las fuerzas del orden han reducido totalmente su capacidad operativa. No atentan porque no pueden, no porque no quieran. Después de todo, mantener su infraestructura a pleno rendimiento les supone 32,5 millones de euros al año.

La ilegalización de Batasuna le costó a ETA el 74% de sus ingresos, lo que le dejó seriamente tocada. Su situación se ha vuelto insostenible tras las detenciones de numerosos miembros de los aparatos militar y extorsionador. Si recuperaran fuerza para cobrar el impuesto revolucionario y seguir mandando entre los que tienen miedo, no renunciarían a sus métodos terroristas. Estos criminales han hecho su hipócrita comunicado para poder concurrir a las elecciones y, tras las mismas, ocupar puestos en las instituciones que les den el dinero y el poder que ya no pueden conseguir con la violencia.

El último comunicado de ETA vuelve a poner sobre la mesa a Navarra, pieza clave para dar legitimidad histórica al concepto de Euskal Herria. El nacionalismo radical y el moderado en lo que sí están de acuerdo es en la anexión de Navarra al País Vasco, para lo que no podían haber soñado con un momento de debilidad mejor del Gobierno español para negociar un procedimiento de incorporación. Aunque legalmente no es fácil, los nacionalistas están obsesionados con este tema.

El destino de Navarra

Zapatero puede lograr el apoyo que necesita del PNV para tener mayoría en el Congreso hasta el final de la legislatura si ordena a sus representantes en el Parlamento de Navarra que apoyen a Nafarroa Bai. Este partido es la segunda fuerza electoral de la comunidad foral e integra a todas las formaciones nacionalistas. Sumados los escaños de socialistas y de Nafarroa Bai habría mayoría absoluta para decidir el destino de Navarra.

Zapatero no pierde de vista que la medalla del fin de ETA es el mayor éxito que puede presentar en su nefasta legislatura. Si la comunidad foral cayera, podría plantear un nuevo Kosovo (Navarra y el País Vasco suman un territorio casi el doble de grande).

Cualquier negociación con los asesinos sería una derrota de las instituciones democráticas y un insulto a todas las personas que han sufrido la violencia de ETA. No se puede pretender dialogar en pie de igualdad con quien ha asesinado por motivos políticos porque su mentalidad es distinta. Para los etarras matar es el medio que justifica sus fines, algo intrínseco a su forma de ser.

Nuestras autoridades no pueden caer en la trampa de hacer concesiones. ETA es una organización muy dividida donde muchos de sus miembros no están de acuerdo con dejar las armas, aunque hayan acatado las órdenes. Después de todo, sin la presión terrorista desaparecería su modo de vida.

El atentado de la T4 fue en parte debido a que en esa tregua trampa, Bar Faisán incluido, ETA tuvo tiempo para rearmarse. El riesgo de que esta nueva fase de paz pueda ser una nueva trampa es enorme. Zapatero no puede pactar nada con ETA porque legitimaría la violencia para conseguir metas políticas y volvería a herir a las víctimas.

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