ABC
Madrid, 6 de octubre de 2011

Un muerto en la UCI

Necesitamos a los bancos porque sin ellos la economía no funciona, pero bancos que cumplan su misión: facilitar el flujo del crédito para que las empresas se financien. Estamos viendo que muchas entidades de depósito se comportan como cadáveres en la UCI. El coste de mantenerlos como si estuvieran en estado cataléptico consume los recursos que necesitan las empresas viables.

Duele que parte de esas inyecciones de capital público en bancos y cajas se hayan dilapidado, tanto en jubilaciones de oro de bancarios en la cincuentena como en indemnizaciones millonarias de auténticos ineptos. El problema es que, cuando los escasos recursos no se emplean en actividades que generan valor y empleo, se perjudica la sostenibilidad en el medio plazo, porque la deuda corroe el crecimiento.

De una vez por todas el sistema tiene que premiar a las entidades que han operado bien y han preferido asumir un riesgo razonable, en lugar de romper la competencia y ayudar a los que han despilfarrado. Se consigue más credibilidad cuando se permite que el mercado expulse a las compañías con pésimos resultados. La dificultad surge cuando se instala la cultura de que al final el Estado paga siempre, aunque haya habido imprudencias salvajes. Un banco pequeño insolvente es un problema limitado a sus accionistas, pero cuando son varias entidades grandes el riesgo de catástrofe financiera afecta a todo el país.

La mala situación del banco franco-belga Dexia ha puesto de manifiesto que aprobar el test de estrés con nota no significa demasiado, porque esa prueba de resistencia fue incompleta al no valorar la calidad de la deuda soberana. Aunque el problema de Dexia no sea de solvencia, sino de liquidez, el resultado será que tendrán que inyectarles miles de millones. Lástima que a esos supuestos expertos no se les pueda despedir por confundirnos con su test.

La falta de fiabilidad en la supervisión perjudica a los países con bancos bajo sospecha. Si en diciembre Zapatero decía que los bancos españoles no necesitan ninguna inyección de capital, ya que «se encuentran entre los mejores de Europa», hoy la realidad demuestra lo contrario: de los dieciséis bancos en estudio de capitalización por la Unión Europea siete son españoles. El Banco de España debiera haber sido más riguroso y haber liquidado las entidades menos viables. Si esta purga se hubiera hecho en su momento habría habido más cautela y ahora nos ahorraríamos mucho dinero.

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