Expansión
Madrid, 15 de junio de 2011

Una reivindicación de la economía clásica, en tres tardes

Juan Castañeda

Acaba de publicarse un nuevo libro de economía, La economía explicada a Zapatero y a sus sucesores. En dos tardes (Espasa), del profesor Pedro Schwartz. Dirán ustedes, con acertada sensación, “otro libro de economía sobre la crisis…” . Créanme, no es el caso. Es un ensayo que recoge y aplica las principales aportaciones de la economía clásica para poder entender la dinámica de eso que muchos llaman peyorativamente los mercados. Constituye también una defensa de los principios de la tradición liberal clásica, esos que fueron concebidos para crear una sociedad y una economía de mercado más prósperas, abiertas y estables. Además, el profesor Schwartz es benévolo con el lector y estructura estas breves lecciones sólo en tres tardes, únicamente una más de las recomendadas en su día al Sr. Rodríguez Zapatero para aprender algo de economía.

Este libro es un auténtico tratado de (macro)economía escrito a la vieja usanza, muy bienvenido en estos tiempos tan sembrados de dudas y desconcierto. Su autor explica la economía en un estilo narrativo clásico, con el que nos acerca a conceptos y teorías que son difíciles de entender. Y lo hace con un castellano rico y riguroso, a la vez que comprensible, así como con el empleo de argumentos e hipótesis siempre expresos. Desgraciadamente, esto no es lo habitual en economía. Padecemos con demasiada frecuencia una economía escrita con un lenguaje y un vocabulario vulgarizados; caracterizados por un excesivo e innecesario uso de palabras mal adaptadas del inglés, así como de metáforas, ya sean meteorológicas, náuticas, futbolísticas (esas que tanto critica con acierto el profesor Rodríguez Braun), en lugar de argumentos teóricos claros y elaborados.

Por no hablar de las perversiones de la moda científico-académica de nuestro tiempo, que degrada toda explicación narrativa de la economía al ámbito de la no economía. Deberían sus defensores sopesar si el manejo exclusivo de modelos económicos muy formalizados y sofisticados es siempre lo idóneo para explicar la realidad, o si los supuestos en que están basados sus modelos no limitan notablemente el campo de lo que verdaderamente pueden explicar. El recurso excesivo a estas técnicas está debilitando el discurso económico y nos está alejando de la economía real y acercando a la producción de análisis baldíos e insatisfactorios.

Dicho lo cual, este libro del profesor Schwartz es una agradable rareza y un legado para quienes aspiramos a explicar la economía de manera comprensible y nos sentimos herederos de la llamada economía clásica, ¡de la Economía con mayúsculas, señores! Pensarán algunos que los clásicos están superados. Se equivocan. Si son clásicos es precisamente porque han logrado identificar las reglas de la economía de manera clarividente, así como, seamos concientes de ello o no, han influido de manera decisiva en la elaboración de las teorías que hoy presiden el análisis económico. Pedro Schwartz apela a su conocimiento de los clásicos y de la historia económica para criticar y descartar las teorías de K. Marx, R. Malthus, J. S. Mill o J. M. Keynes.

A continuación, ya en la tercera tarde, recoge la parte fundamental del libro, en la que reúne los fundamentos de la macroeconomía moderna en diez pasos. Lo hace a través de autores esenciales en cada uno de los temas tratados, como M. Friedman o R. Lucas, y utilizando ejemplos históricos y literarios que enriquecen el análisis y facilitan su comprensión a lectores no necesariamente economistas.

Como su título señala, este libro va especialmente dirigido a los que nos gobiernan o aspiran a hacerlo, sean del ‘color’ político que sean (como diría Hayek, “a los socialistas de todos los partidos”). Sería un éxito que aplicaran al menos dos de las enseñanzas del libro.

(1) Una es que la economía no es un juego estático, a modo de simple mecano, que el gestor pueda modificar y diseñar a su gusto. El intento de controlar la economía puede entenderse como esa -imposible- partida de cróquet a que somete la reina de corazones a Alicia: recordarán que el mazo para golpear la bola es un flamenco atemorizado, la bola es un erizo inquieto y los soldados que hacen de aros se mueven continuamente. En esas condiciones, conseguir el objetivo es francamente difícil. Otro ejemplo que también se recoge en el libro es la llamada “máquina de Phillips” de mediados del siglo pasado. W. Phillips (el de la famosa curva que lleva su nombre) creyó que su diseño de un armatoste de vasos comunicantes de más de dos metros de alto, donde representaba a los agentes de la economía y la circulación de recursos, mercancías y dinero entre ellos, permitía simular los efectos de la política económica deseada en cada momento. ¡Como si la economía fuera una serie de compartimentos estancos y operaciones predecibles y controlables por un gestor omnisciente! Lo cierto es que seguimos intentando hacer algo similar, si bien con más sofisticados y potentes ordenadores.

(2) La otra es que sólo conociendo las reglas fundamentales de la economía podremos evitar los nefastos efectos de las malas políticas económicas pasadas. Pedro Schwartz nos recuerda que, contrariamente a lo que se cree, estas reglas no suelen ser evidentes ni intuitivas. Ello se debe a que nuestras decisiones tienen efectos complejos y remotos, que requieren de un análisis técnico especializado. Por tanto, las decisiones económicas de los gobernantes no deberían regirse por intuiciones ni juicios políticos precipitados, por bienintencionados que fueran, sino por las reglas que la economía nos ha legado a lo largo de más de doscientos años.

Espero que los aspirantes a gobernarnos aprendan estas enseñanzas, para que no sea la realidad la que les despierte de su plácida, irresponsable e ignorante ficción.

Juan Castañeda, economista, UNED.

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