Expansión
Madrid, 11 de agosto de 2011

Las razones del Tea Party

Standard and Poor’s ha reducido la valoración del riesgo de los títulos de la deuda de EEUU del nivel AAA al nivel AA+. Esto significa que la consideración ha pasado de “Capacidad extremadamente fuerte de atender a los compromisos financieros” a “Capacidad muy fuerte de atender a los compromisos financieros”. Además, esa agencia de ráting ha avisado de que posiblemente revisará esa clasificación a la baja si continúa la indefinición del Gobierno y Congreso de los Estados Unidos sobre la reducción del déficit. Aunque se trate de predicciones sujetas a error y hayan sido expresadas por una sola de las cuatro grandes compañías de clasificación americanas, la tal revisión ha arrojado una sombra de duda sobre la futura solvencia financiera de EEUU y ha desatado un tifón de pesimismo en las bolsas del mundo entero. Incluso ha repercutido en el valor del dólar y la cotización en euros de los bonos italianos y españoles. El origen inmediato de esta conmoción se encuentra en el enfrentamiento sobre la elevación del techo de deuda entre el presidente Obama y sus seguidores del Partido Demócrata, por un lado, y los nuevos congresistas y senadores del Tea Party, por otro. El sesgo gubernamental de la prensa llamada “seria” de Estados Unidos y el socialismo instintivo de las elites europeas han hecho correr la especie de que, desde el punto de vista económico los del Tea Party no son sino unos fundamentalistas retrógrados, que han sometido a un peligroso chantaje al Gobierno americano en nombre de una moral financiera victoriana.

Abultadísimo déficit

Muchas de las creencias de los entusiastas del Tea Party me parecen discutibles o equivocadas. Así, a menudo interpretan la Biblia literalmente, lo que les lleva a ser creacionistas en vez de darwinianos, cuestión en la que creo que se han puesto del lado del error. Pero en lo referente al abultadísimo déficit del Tesoro americano, su postura, no sólo es la correcta económicamente hablando, sino que es la más acorde con el espíritu de la Constitución de 1787. Obama, su partido y los Republicanos menos alarmados por el continuo crecimiento del tamaño del Estado federal han chocado con uno de los numerosos obstáculos que la Constitución americana levanta frente a los excesos del poder ejecutivo. El límite de la deuda pública tiene que ser fijado por el Congreso para toda la legislatura. Elevar ese límite exige una mayoría en ambas Cámaras. En este caso, los del Tea Party se negaban a la reducción del déficit con subidas de impuestos, poco aconsejables en momentos de crisis y siempre rechazable por principio para quienes creen en la libertad. Los Republicanos más “constitucionalistas” querían forzar un drástico recorte del gasto social en especial de la Ley Obama de seguro obligatorio de Sanidad. También querían fijar la fecha de la nueva posible elevación de la deuda en el próximo año de elecciones presidenciales. No creo que haya otro modo de forzar a presidentes manirrotos a que disminuyan el gasto público y contengan el crecimiento del tamaño del Estado. Suele ocurrir regularmente que el Estado crece cuando hay una crisis creada por el propio Estado; una crisis que, dicen, pide rapidez de decisión y capacidad de liderazgo por parte de las autoridades. Ese ha sido el pretexto de Obama con sus inútiles medidas de “estímulo”. Ese también es el pretexto de los eurócratas de Bruselas y otras capitales europeas para pedir centralización y energía política ante la debacle del euro. Ya que no han funcionado en EEUU, ni bajo los Bush ni con Obama, los mecanismos para controlar el gasto; ya que en Europa el mal diseño del euro está haciendo tambalear nuestra moneda: lo mejor es pedir más poderes para seguir haciendo más de lo mismo.

Es mi decidida opinión que el Acuerdo firmado por los tibios con los del Tea Party, por mucho que la reducción prometida del déficit sea menor que la necesaria y que no se hayan definido con claridad las funciones del Comité bi-partidista encargado de señalar las partidas a reducir, es la mejor garantía de que la calificación de la deuda americana vuelva a ser de triple A. No olviden el origen de la apelación de Tea Party. La revolución americana contra los ingleses empezó con la revuelta de los coloniales que echaron al mar en el puerto de Boston unas balas de te porque el Parlamento de Londres había elevado el impuesto sobre tan preciada y saludable mercancía.

Compartir



Escriba un comentario