Expansión
6 de enero de 2012

Primeros errores

Las decisiones sustanciales de los dos primeros Consejos de Ministros han sido decepcionantes. Al lado de medidas inteligentes, como es el compromiso de prolongar la vida útil de algunas centrales nucleares, ha habido otras que han ido en la mala dirección. El Gobierno, tras tomar nota del alarmante déficit público heredado de los socialistas, ha buscado remedio principalmente en la subida de impuestos. Es cierto que ha habido recorte de gasto por una cuantía no despreciable de 8.900 millones de euros, superior a lo que se espera en mayor recaudación. Sin embargo, la mayor parte del esfuerzo de reequilibrio se ha encaminado por el aumento de los ingresos. Esta multiplicación de la carga fiscal es contraria al ideario del Partido Popular y supone renegar de las promesas del Sr. Rajoy y el Sr. Montoro en la campaña electoral, mas sobre todo está muy lejos de ser lo que necesita la economía española para recuperarse.

La opinión esperaba con ansiedad las medidas de recorte del gasto público del Consejo de ayer 5 de enero, que debían completar el esfuerzo por el lado de los ingresos decidido en la anterior reunión. También se esperaba mayor concreción de la liberación de las regulaciones e intervenciones que tiene maniatada a nuestra sociedad. El centro de la acción de un Gobierno liberal-conservador debe ir por el lado de la oferta, para franquear el camino vía a las fuerzas de la producción y la innovación. Quizá sea un poco pronto para sentirse decepcionados en este campo, pero los augurios no parecen propicios cuando hemos vista a la ministra de Empleo desplazarse con toda la majestad del Estado español a sus espaldas a las sedes de los grandes sindicatos llamados representativos. Con la bienvenida reducción de las subvenciones a los agentes sociales y partidos hemos comenzado a intuir los españoles lo que nos cuesta esa multitud de gente que vive de la caridad política en vez de sus afiliados: si el 20% de reducción monta 55 millones de euros en el caso de patronales y sindicatos y 29,68 millones en el caso de los partidos políticos, el total era de 275 y 148 millones de euros€ -y eso que en el caso de los sindicatos no contamos lo que los liberados y negociadores de convenios colectivos cuestan a empresas y administraciones-. Veremos si la reforma del mercado de trabajo no acaba siendo la montaña que parió un ratón.

Es muy europea la idea de que el déficit público ha de enjugarse no sólo con recortes de gasto, sino principalmente con mayores ingresos. La ideología socialdemócrata ha calado muy honda en nuestro continente. En eso consiste la reforma fiscal que la Sra. Merkel pide a los europeos: reduzca el déficit, sin recortar el gasto si es posible. El Estado existe para realizar lo importante y cuidar de que los individuos no abandonen el recto camino. A los individuos y las familias no se les puede confiar la Salud, la Educación, la Jubilación, el Arte, la Cultura, el Urbanismo -todo con mayúsculas para hacer ver que son bienes públicos-. A los ciudadanos hay que dejar alguna calderilla para el alimento, el vestido, el ocio y las vacaciones. El impuesto debe ser además fuertemente progresivo y las medidas fiscales solidarias, pues ya se sabe que todo el que gana dinero es sospechoso de habérselo quitado a alguien y además no se puede confiar en que los ciudadanos quieran ayudar por propia decisión a los necesitados. El ministro Montoro ha llegado a decir que el nuevo recargo temporal de impuestos era “equitativo, es decir progresivo”. Juzguen mis lectores: a partir de los 33.007,20 euros anuales el recargo es del 3% en el IRPF, y a partir de los 24.000 de base liquidable del ahorro, el 6%. Le ha faltado decir “progresista”.

Puesto a subir impuestos, yo habría elegido el IVA, que es inmediato y también neutral cuando no tiene excepciones y reducciones. Afecta al consumo, sin duda, pero éste se encuentra retraído hoy en España por prudencia y precaución de los individuos. El crecimiento de nuestra economía depende de la inversión, sobre todo privada, sostenida por un sólido ahorro, y esa inversión está esperando a que se libere el mercado de trabajo, a que se abaraten los costes de la energía y, sobre todo, a que se aligeren los impuestos.

Aún queda mucho que hacer y muchos Consejos de Ministros que reunir. Esperamos que la reacción pública ante estos primeros errores lleve al Gobierno hacia la eolítica necesaria: el recorte del gasto público, la regulación administrativa y la oficiosidad autonómica.

Compartir



Escriba un comentario