Pablo Cerezal
Responsable de Comunicación
Think tank Civismo
“Extremadamente agresiva”
Parece que hay un rifirrafe entre políticos y sindicalistas por ver quién el que más hace y, sin embargo, consigue que todo siga igual. Decía De Guindos que la reforma laboral iba a ser “extremadamente agresiva” y las fuerzas vivas del socialismo se le han tirado al cuello por proponer una rebaja de las indemnizaciones por despido. Siendo un paso positivo contra la cultura del subsidio, tampoco es gran cosa: incluso Francia, el país del hiperestado concede sólo 6 días por año trabajado.
Las indemnizaciones excesivas desincentivan el ahorro e invitan a tomarse unas “vacaciones pagadas”, descuidando las habilidades profesionales y disparando la tasa de parados de larga duración. Además, impiden que una empresa que tiene que despedir pueda quedarse con los trabajadores que más le aportan, ya que por necesidad serán los más jóvenes a quienes salga más barato despedir.
La regulación provoca, por lo tanto, que el mercado de trabajo sea “extremadamente agresivo” para los jóvenes: uno de cada dos está en paro. Y eso a pesar de que, como ha señalado una reciente encuesta en El Mundo, un 68,2% de ellos estaría dispuesto a trabajar por 400 euros al mes. En cualquier caso, la alternativa del PP no es mucho mejor: costes desmedidos a la contratación para todos (tanto las cotizaciones a la Seguridad Social como el IRPF están entre los más altos del Mundo) y pequeñas exenciones para los menores de 30, como si trabajar fuera una suerte de beneficencia pública.
El efecto, entonces, es el contrario: que los mayores de 30, aquellos que no están protegidos por el Gobierno, tendrán más complicado encontrar empleo. La cuestión clave es que si los impuestos a las contrataciones (y condiciones impuestas) son extremadamente agresivas para los participantes en un mercado, lo más lógico sería acabar con ellas. Cabría plantearse, por otra parte, quién tiene la legitimidad para impedir que un acuerdo en el que todas las partes están de acuerdo tenga lugar.
Otras medidas, aunque han sido muy criticadas, sí van en la línea de flexibilización necesaria, como acabar con las categorías profesionales o permitir el cambio de las condiciones de contrato. Muchos no ven ninguna contradicción entre desear un cambio de modelo y exigir que se mantengan los mismos puestos de trabajo para hacer lo mismo. Para ellos, es completamente lógico que el consumidor pueda gozar de nuevos bienes y servicios mientras que quienes producen hacen lo mismo toda la vida. En cambio, para otros, hay que producir lo que otros necesiten, y para eso hay que dejar que la oferta y la demanda funcionen libremente. Sin agredir a quienes intervenimos en los mercados, vaya.










