Una recaída, ¿global?

Los analistas predican que se avecina una nueva recesión. Los indicadores avanzados parecen advertir sobre lo mismo, porque hemos tratado los síntomas, pero no las causas, ¿quiénes nos pueden servir de guía?

En las últimas semanas se ha disparado el temor de una nueva recesión. El crecimiento se ha ralentizado en los países de la OCDE hasta tasas del 0,3% en el segundo trimestre del año. Cuando la locomotora alemana ha bajado de revoluciones, el resto de Europa ha acusado la caída de la demanda, poniendo en evidencia las previsiones de ingresos. Esto a su vez ha repercutido en la prima de riesgo, ya que los inversores se han refugiado en los mercados más fiables en tanto que cada vez se va haciendo más difícil que la periferia pueda garantizar sus emisiones de bonos. Según anuncia el Bundesbank, es posible que los germanos se recuperen en el tercer trimestre, sin embargo, algunos indicadores avanzan que el conjunto de las economías desarrolladas no va a pasar su mejor momento.

Manuel Llamas ha recopilado algunos ejemplos para Libre Mercado: la tasa de velocidad de la M2 (masa monetaria a corto plazo); el indicador de crecimiento ECRI; el Índice de Actividad Manufacturera de Filadelfia; el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad de Míchigan; y los elaborados por los economistas John Mauldin y David Rosenberg. Todos estos indicadores se han desplomado antes de cada crisis durante los últimos cincuenta años y muestran severas caídas en 2011 después de las tibias recuperaciones del año anterior.

Las Bolsas, que también suelen anticipar los problemas, sufrieron caídas de una tercera parte de su valor durante el verano, lo que hizo prever una caída de los beneficios para el próximo año. Sin embargo, como advirtió Paul Samuelson en 1966, “el mercado accionario ha pronosticado nueve de las cinco últimas recesiones”.

Esta situación recuerda mucho a la que se vivía en 2007, pero ahora ya no queda margen de maniobra. España ha disparado su deuda pública desde el 36,2% del PIB hasta casi el 70%, pero eso no ha servido para aliviar el endeudamiento privado. Más bien al contrario: como las emisiones de deuda pública gozan, en teoría, de más seguridad, han absorbido el crédito bancario y los ahorros de los ciudadanos, impidiendo que algunos negocios solventes puedan seguir funcionando. En vez de reactivar la economía, los planes de estímulos han dejado a muchas empresas entre los impagos del sector público y la atonía del consumo privado. Y, lo que es peor, la deuda no era AAA, sino que está poniendo en cuestión la solvencia de gran parte del sistema financiero.

Ahora la situación es peor, porque tenemos que recobrar de inmediato el equilibrio presupuestario para evitar que el riesgo de quiebra siga elevándose. Como identifica The Economist, aparte de Alemania sólo se salvan de la quema algunos países con divisa propia, como Reino Unido.

En su  opinión, aunque este país tenga unos datos fundamentales similares a España, sus bonos son más baratos porque es el refugio de los inversores que huyen de grandes emisores de deuda pública, como Italia. Aunque no proporcionen gran rentabilidad y su moneda puede perder valor (los tipos de interés están al 0,5%), existe la garantía de que siempre podrán imprimir más billetes. De hecho, los inversores ya no quieren ganar, sino evitar perder. Los bonos estadounidenses a diez años que descuentan la inflación dan rendimientos negativos, mientras que la deuda de Grecia ya haperdido la mitad de su valor.

Este es el camino que ha seguido al otro lado del Atlántico el presidente Obama con sus planes de expansión cuantitativa (compra de deuda con dinero imprimido por la ReservaFederal), que sirven para dar pequeños descansos a las estadísticas pero no hacen que la economía se recupere. Por el contrario, la barra libre de liquidez ha creado un cuello de botella en la producción que ha provocado el rebote de algunas materias primas, como el cobre o la plata.

Ensanchando el embudo

Pablo Vázquez, director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, apunta que, sin más margen para endeudarse, los Estados deben abandonar las políticas de demanda y centrarse sólo en las de oferta: aumentar la flexibilidad para que las empresas puedan reducir sus costes o reorientar su actividad. No en vano, los precios globales caen a un ritmo del 15% mientras en Europa seguimos preocupados por la inflación.

En este contexto, el economista Nouriel Roubini advierte de que los emergentes, con menos deuda y menos gasto público, son los únicos que pueden aportar seguridad al sistema mundial. “Ya que sus equilibrios presupuestarios son más fuertes y tienen más posibilidades legislativas, deberían suavizar sus políticas monetarias y fiscales”, explica.

En su opinión, es preferible mantener la relajación monetaria, ya que una nueva subida conllevará la deflación en la Eurozona, mientras que la subida de precios es la única posibilidad para pagar la deuda. En cambio, “un problema de deuda insostenible que no se puede reducir mediante crecimiento, ahorro ni inflación se debe resolver mediante una reestructuración ordenada de la deuda y una conversión de ésta en valores”.

Según los analistas, Grecia necesitará aplicar quitas de entre el 40% y el 50%, Portugal e Irlanda del 20% y España e Italia del 10%. Estas previsiones no se han tenido en cuenta a la hora de realizar los test de stress, lo que provoca desconfianza sobre si el sistema financiero aguantará las sacudidas de los bonos soberanos, además de los cadáveres contables que guardan: miles de millones en pisos que no encuentran comprador.

De acuerdo con el economista Juan Velarde, la exigencia de garantías está afectando a la sostenibilidad del sistema porque, por un lado, los bancos dejan pasar a los morosos renovándoles el crédito para que no aparezcan en los balances como impago y, por el otro, exigen a los clientes solventes que devuelvan el crédito para poder recapitalizarse. A pesar de ello, la morosidad en España alcanza el 7% que rondaba hace 15 años.

Después de una larga agonía, los bancos están comenzando a recapitalizarse. Dieciséis instituciones financieras europeas que van a captar liquidez en los próximos meses. Después de las inyecciones del FROB y de que Bankia y Banca Cívica salieran a Bolsa, todavía hay siete bancos y cajas que necesitan captar liquidez. Santander y BBVA van a emitir, entre los dos, 17.500 millones en pagarés. La banca europea toma posiciones frente a los avisos del FMI, para quien la quiebra de los países en apuros puede dejarles un agujero de 200.000 euros.

“Ahora mismo –señala el analista Matthew Lynn– no hay muchas áreas de la economía global en auge. Ni la industria ni la banca. Ni siquiera trabajar para el Gobierno es ya un trabajo seguro. Sin embargo, hay un nicho de mercado que está floreciendo: construir cámaras acorazadas para almacenar oro”. Aunque existe el debate sobre si las materias primas son un depósito de valor o lanueva burbuja, lo cierto es que las firmas más importantes no dejan de construir cámaras de almacenamiento, mientras que ha comenzado una nueva fase de contracción del crédito. Albert Edwards, analista del banco francés Société Générale, ha vaticinado una “edad de hielo” para la economía y James Grant, editor del Grant’s Internet Rate Observer, avisa de que la era en la que los bancos centrales controlan el flujo del dinero tiene los días contados, como terminó el mundo regido por el oro.

Los analistas del FMI Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff advierten en su libro Esta vez es diferente de que todas las crisis suceden por el mismo motivo: una acumulación excesiva de deuda que el sistema no puede digerir y que acaba colapsándolo. La cuestión es, entonces, si estamos tratando ese problema, y la respuesta es un no, pero con concesiones. De acuerdo con la consultora McKinsey, la deuda global (préstamos estatales, corporativos y personales) ha pasado de 77 billones de dólares en 2000 a 158 billones en la actualidad. Mientras este problema no se resuelva, tratar los síntomas para maquillar las estadísticas no va a servir de nada. Así, mientras que hace seis meses la economía global parecía salir del colapso y las previsiones para España adelantaban tasas de crecimiento moderadas, hoy parece inevitable una recaída con su consiguiente bajada de ingresos, lo que hará inevitable recortar más.

Rayos de esperanza

Aunque muchos parecen encontrar referentes en las economías más intervenidas, como la China, por su espectacular crecimiento, lo cierto es que ese crecimiento ha tenido lugar por una incipiente liberalización y que aquellas áreas donde más interviene el Gobierno son las que pueden generar más problemas en el futuro: demografía, vivienda y banca. Como afirman Carl Walter y Fraser Howte, el Estado se dedica a captar el abultado ahorro de sus ciudadanos para cederlo a aquellas empresas relacionadas con la cúpula política (y por lo tanto sin criterios de eficiencia) en préstamos de dudoso cobro, lo que pondrá en jaque el crecimiento futuro y la jubilación de muchos chinos.

En cambio, los países que están creciendo no lo hacen con más gasto público, sino reduciéndolo. Naciones bálticas como Estonia, Letonia y Lituania han facilitado el ajuste de la economía al eliminar las barreras de entrada y de salida a las actividades económicas, mientras el Estado prescindía de los planes de estímulos para mantener con vida trabajos ineficientes. Irlanda (con un crecimiento del 1,6%) ha seguido un camino similar: austeridad pública y completa libertad para los precios. La vivienda ha caído un 12,5% entre enero y julio, lo que a su vez ha rebajado el precio de los alquileres y estimulado la creación de negocios. Por otra parte, cuantos menos impuestos se exigen, es más fácil que los ciudadanos se animen a emprender cualquier actividad. Como los fundamentales han mejorado, el coste de emitir deuda ha caído a la mitad en apenas tres meses.

Lynn advierte en su columna del Sunday Times de que son las economías anglosajonaslas que más fácilmente están recuperándose de la borrachera de deuda privada. Aunque ambos países se han endeudado (sin resultados), los pasivos de los ciudadanos estadounidenses se han reducido en un 8,6% y los británicos han pasado de gastar un 6% de más a ahorrar un 2% de su renta. De acuerdo con Lynn, estas economías “se arreglan solas”  y podrían “remontar rápido si evitan usar munición en forma de estímulos”.

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