18 de octubre de 2011: El peso del ajuste

Desde este verano, cuando se decía que prácticamente todas las entidades financieras eran resistentes a los temblores sistémicos, han cambiado muchas cosas. La primera, que las entidades supervisoras ya descuentan el riesgo de quiebras soberanas, por lo que hay ‘Medio billón de activos tóxicos en la banca’ europea, como destacan Javier Gallego y Juan Emilio Maíllo en un reportaje especial para el suplemento Mercados. De acuerdo con los criterios de Bruselas, será necesaria una recapitalización por valor de 300.000 millones de euros.

El presidente del Banco Popular, Ángel Ron, apuntaba en una entrevista para el suplemento Negocios que emitir deuda para “Recapitalizar a los bancos que tienen deuda de su país es absurdo”, por lo que habría que pensar en otras salidas. En esta misma publicación, Javier Ayuso apuesta por los eurobonos y el eurotesoro. En opinión de The Economist, son una medida necesaria y “los políticos Europeos no son tan estúpidos como para permitir que el Euro colapse”, pero transmiten la misma desconfianza que sus colegas norteamericanos en el crecimiento de sus economías.

En el semanario británico creen que el mundo desarrollado caerá en un estancamiento a la japonesa, donde las recesiones serán frecuentes y el crecimiento lento, lo que impedirá solucionar los problemas de deuda. Sin embargo, esto permitirá que se financien a bajo coste, ya que muchos inversores prefieren resguardar su dinero ante las turbulencias de la crisis.

El analista del FMI Kenneth Rogoff, quien suscribió el año pasado la tesis de que los problemas de deuda siempre acaban originando crisis, ha señalado la necesidad de reducir el déficit público, pero la tasa a las transacciones financieras es un “impuesto equivocado para Europa”. En primer lugar, porque las simulaciones sugieren que no disminuiría la volatilidad; en segundo, porque aumentarían el coste  de capital y reducirían la inversión final; y finalmente porque, al aumentar los costes financieros, los salarios caerían porque los trabajadores tendrían que cargar con una parte significativa del coste.

En El economista, Nouriel Roubini no ve el déficit de forma tan negativa. En cambio, advierte de que la desigualdad está creciendo en los países occidentales (el 1% más rico acumula el 18% de las ganancias en EEUU y el 15% en Reino Unido), lo que hace recomendable gravar a las rentas más altas. En su opinión, la desigualdad reduce el crecimiento económico a corto plazo, porque quienes tienen más dinero son también quienes tienen menos propensión al gasto. Además, para frenar las revueltas, es necesario mantener la provisión de servicios públicos y ofrecer oportunidades económicas a todos. Esta visión se topa, sin embargo, con el problema de que la competencia internacional y el cambio tecnológico mantienen en alerta continua los puestos de trabajo actuales.

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