4 de octubre de 2011: Hay que dejarlos caer

El suplemento Negocios publicaba esta semana un especial sobre el sistema bancario en el que se preguntaba si el sistema bancario está suficientemente recapitalizado o debe hacerlo más. Por un lado, destacaba el editorial, los test de estrés sugirieron que la situación de la mayor parte de los bancos era “excelente” (TIER por encima del 8%), sin embargo la mayor parte de los bancos han decidido “reducir la cartera de riesgos limitando el crédito” y, aunque estos puedan recapitalizarse, aún falta mucho para que dejen fluir los préstamos.

Para el economista Matthew Lynn, el colapso puede estar más cerca de lo que parece. En The Sunday Times, señala que uno de los síntomas de lo poco seguro que es trabajar incluso para el Gobierno es que “hay un nicho que está floreciendo: construir cámaras acorazadas para almacenar oro”. En su opinión, podría ser que “el reinado del dólar caminara hacia su fin” y el euro no estuviera preparado para reemplazarlo. En su línea, Albert Edwards, analista del banco Société Generale teme una “edad de hielo” para las economías occidentales; mientras que James Grant, editor del Grant’s Interest Rate Observer, apunta que los sistemas monetarios (incluido el patrón oro victoriano) han durado en torno ha cuarenta años. En 1971, Nixon entregó el control del dinero a los bancos centrales, quizá este sistema ya tenga los días contados, sentencia Lynn.

John Walsh y Pablo Rodríguez Suanzes han encontrado una vía de escape a la crisis global: Irlanda, que crece al 1,9%, muy por encima de las previsiones de la UE. Las claves de cuyas clave es la bajada del precio de la vivienda, que al fluctuar libremente ha permitido que la oferta se reajuste y el país pueda volver a producir con precios más bajos. La prima de riesgo ha caído más de un 50% en apenas tres meses, por lo que el suplemento Mercados concluye: “Hay vida después de la austeridad”.

Libre Mercado también deja un lugar para la esperanza en la entrevista que Beatriz García le hizo al emprendedor más joven de España, Jorge Dobón, quien tiene una empresa de alimentación de primera calidad (Placeres Ibéricos). En ella, el estudiante de LADE cuenta la aventura de lanzarse al mundo empresarial “aunque todo el mundo le dijo que era una locura”. El principal problema es la mentalidad, pues de su clase, sólo tres personas querían ser emprendedores, mientras que una amplia mayoría querían ser funcionarios. Además, gran parte de su entorno tenía miedo a que dejara de estudiar, pero la filosofía de Dobón es infatigable: “Yo monto mi empresa ahora y si fracaso habré aprendido el doble”.

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