11-S: Diez años del miedo
9/09/2011
Una vida es sagrada, pero las libertades civiles también. Aparte de las tres mil muertes, el Cato Institute denuncia que lo más perjudicial para los estadounidenses fue que “los esfuerzos antiterroristas tuvieron como resultado una burocracia que no termina de expandirse”. “El Departamento de Seguridad Interior tiene muchas divisiones que a menudo no responden a lo que deberían ser su prioridades, lo que causa un enorme derroche de recursos públicos”, critica David Rittgers.
El también miembro del Cato Institute, Doug Bandow, apunta que “Estados Unidos ha perdido confianza, seguridad y libertad a lo largo de la última década”. Bandow señala que las guerras contra el terror tuvieron un efecto rebote en el resto del mundo, lo que ha colocado ha Estados Unidos en el centro de la diana. Como explica Robert Pape, de la Universidad de Chicago,“los asesinos suelen estar motivados por políticas gubernamentales y muy a menudo por la ocupación de los territorios o el recorte de libertades”.
En opinión de Bandow, Estados Unidos ha reaccionado con demasiada virulencia: “El Gobierno ha militarizado la política exterior, ha doblado el presupuesto del Pentágono, ha creado una extensa red burocrática y ha puesto el terrorismo como su objetivo prioritario”. Esto no es positivo para la sociedad. En primer lugar, porque las operaciones de Afganistán e Irak se pueden volver en contra; en segundo, porque el presidente actual no ha hecho nada por restaurar las libertades civiles perdidas con Bush, castigando las torturas o frenando las leyes inquisitivas.
Alicia Sorroza, investigadora del Real Instituto Elcano se apunta a la misma tesis: los Gobiernos deben ser más comedidos. “Hay que asumir que no es posible evitar todas las amenazas, es necesario aprender a vivir en la sociedad del riesgo y superar los acontecimientos catastróficos que puedan producirse”. De acuerdo con Sorroza, lo fundamental es mantener la capacidad de recuperarse, porque siempre aparecen nuevas amenazas, como demuestran los nuevos ataques cibernéticos.
El efecto más perdurable de la reacción excesiva al 11-S ha sido la actual crisis económica, según apunta el ex director de The Economist Bill Emmott. Para Emmott, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan había tenido mano firme para explotar la burbuja de las puntocom en 1999, con seis subidas sucesivas de tipos de interés, pero en 2001 siguió bombeando crédito mientras se formaba otra burbuja. “¿Por qué la política fiscal del supuestamente conservador George Bush también se volvió expansionista, subieron los gastos y se recortaron los impuestos? La respuesta es simple: había dos guerras”. De acuerdo con Emmott, los políticos occidentales relajaron sus economías para no caer en recesión durante las guerras, pero eso agravó la crisis posterior, porque aumentó el déficit estadounidense. De hecho, el coste de ambas guerras supone más del 11% de su deuda pública y ha detraído recursos del sector privado.










