Una Argentina en Europa
30/06/2011
¿Cuánto aguantaría Grecia fuera del euro? La comparación con la Argentina del corralito que establece el Centre for European Policy Studies no deja lugar a dudas: el país heleno triplica la deuda del americano, duplica su déficit fiscal, quintuplica su déficit por cuenta corriente y su riqueza y depósitos bancarios se reducen un 50% más rápido. En un vistazo se puede deducir que si Grecia no hubiera contado con la protección de Alemania habría quebrado y, por este camino, es la única salida posible.
Cada vez son más los centros de investigación que sugieren que Grecia debería aplicar una quita a sus deudas (dejar una parte sin pagar y comprometerse a devolver la otra), porque seguir inyectándole dinero no resolverá sus problemas estructurales. The Economist explica que reconocer lo evidente incluso aportaría confianza. Como ejemplo, las crisis de Uruguay, Rusia, Argentina y otros diez países: estas naciones crecieron dos puntos porcentuales más después de reconocer la quiebra que en los cinco años anteriores.
Frente a quienes señalan que devaluar es la solución, Martín Krause, del Cato Institute, insiste en que sería preferible eliminar todas las barreras que traban la iniciativa empresarial, reducir impuestos y vender las empresas públicas. “Si hiciera las reformas manteniendo el euro, tendría además el paraguas de la moneda única para dar credibilidad a los inversores extranjeros”, explica el autor.
Willem Buiter y Ebrahim Rahbari, economistas Citigroup, advierten en un articulo publicado en la red europea Vox contra el mito de la devaluación. En su opinión, mantener una moneda fuerte permite que la financiación sea más barata. En cambio, devaluar una moneda rebaja en nivel de deuda pero no mejora necesariamente las exportaciones, porque provoca que suban los costes de bienes intermedios y materias primas importadas de los países cuyas divisas se mantienen más altas. En esta línea, las exportaciones estadounidenses cayeron cuando la moneda se depreció, mientras que las de China y Alemania aumentaron con el encarecimiento de su divisa esta última década.
Uri Dadush y William Shaw, investigadores del Carnegie Endowment for International Peace ahondan en este aspecto: “En vez de una divisa más baja, hay que evitar que un gasto público ineficiente lastre la economía, reduciendo la capacidad de ahorro de los hogares”. En 2010, un gasto público en torno al 40% contrastaba con inversiones inferiores al 15% del PIB, en el puesto número 134 a nivel mundial. El recorte de 78.000 euros anunciado por el parlamento esta semana es necesario, pero tendrá que venir acompañado de medidas que permitan la flexibilidad de precios (en los mercados de bienes, servicios y de trabajo). Una devaluación interna puede facilitar la recuperación, como ha sucedido en Estonia, Letonia y Lituania. Desde el Instituto Juan de Mariana se apunta que, en contraste, los países que han tratado de aumentar la demanda agregada, se enfrentan a una recaída cuando los estímulos terminan.










