Artículos de opinión

El techo de la deuda de EEUU no debería elevarse

Pedro Schwartz (Secretario Civismo)
Expansión , 17 de octubre de 2013

El autor rechaza el enquistamiento del déficit en Estados Unidos, incluso cuando no hay una emergencia nacional. Schwartz critica que el presidente Obama no haya previsto la situación, además de la acumulación de poder por parte del Gobierno Federal frente a los Estados.

Financieros, políticos y comentaristas insisten en acusar al Partido Republicano de criminal imprudencia por negarse a elevar el techo de la deuda que el Gobierno de los EEUU puede emitir. Los argumentos de quienes defiende al presidente Obama tienen peso. El buen nombre del Tesoro de los EEUU quedaría empañado si tuviera que suspenderse el servicio de la deuda después de 247 años de cumplir con sus obligaciones. Sería inconcebible que no se pudieran pagar las pensiones de los jubilados y los sueldos de los militares y maestros. Habrá que cerrar museos y monumentos. Todo ello es obra del Tea Party o, como los llama un libro reciente Chris Hedges and David Neiwert, de “Los Cristo-fascistas”. Están empeñados en retrasar la puesta en marcha del Obamacare, la reforma sanitaria del presidente, amenazando con detonar la que Warren Buffett ha llamado un “arma de destrucción masiva”. No se olvide que la nueva ley sanitaria fue aprobada por ambas Cámaras, firmada por el presidente, declarada constitucional por el Tribunal Supremo. En suma, el sistema de gobierno de los EEUU está enfermo, pues una decisión tan normal como la de financiar servicios públicos legalmente establecidos está siendo paralizada por una minoría abusando del principio de la división de poderes.

Los grupos que apoyan al presidente defienden intereses de mucha importancia en la sociedad americana y la economía mundial. Una suspensión de pagos decepcionaría expectativas muy sólidamente constituidas. Ya he mencionado servicios culturales y administrativos, que son lo primero que el Gobierno suspende de forma algo demagógica. La última vez que hubo amenaza de suspensión de pagos el presidente y el Congreso llegaron al acuerdo de recortar todo el gasto público en un 5%, lo que afectó directamente al personal militar y estuvo a punto de hacerlo a los pensionistas. Supongo que algún recorte de este tipo podría señalar la salida de la actual impasse, excepto que el partido de la fiesta del té está empeñado en echar abajo Obamacare. Señalan los partidarios más sesudos y responsables del presidente que bajo su mandato el déficit público ha ido reduciéndose: el déficit desde enero del presente año alcanza 320.000 millones de dólares, cuando hace dos años alcanzaba un billón (español). Tanto Reagan como los dos Bush fueron adictos al déficit mientras que el demócrata Clinton consiguió superávit.

Los financieros del mundo entero son el principal apoyo del presidente. Los gestores de fondos, los inversionistas, los cuidadores de las reservas de divisa de los bancos centrales atienden más a la liquidez de los títulos de su cartera que al balance o valor fundamental de los mismos. Así, los responsables del banco central de la República Popular China, que es el los principal inversor en bonos del Tesoro de EEUU, se quejan de cualquier tropiezo en la facilidad para moverlos en el mercado. Es curioso el amor y odio del matrimonio financiero entre China y EEUU. Para conseguir una lenta disolución de la sociedad de gananciales que liga a dos naciones tan distintas, los chinos primero decidieron ligar el yuan con una cesta de divisas en vez de con el dólar y ahora están permitiendo un notable revalorización de su moneda, cuyo objeto confesado es animar el consumo interior pero cuyo efecto verdadero es el de someter la política de exportación al cálculo del coste de oportunidad. Quizá los chinos se hacen daño a sí mismos con un crecimiento sin control de las exportaciones.

Al ser los EEUU el banquero del mundo, pueden abusar de su posición en nombre de la estabilidad y liquidez del sistema financiero. Lo hacen no sólo por medio del continuado crecimiento de su déficit público y exterior, que de hecho siguen creciendo, sino también de la política de la Reserva Federal de depreciar el dólar. Escribo desde Panamá, ahora el centro del mundo iberoamericano con motivo de reuniones periodísticas, políticas, lingüísticas, de negocios y lo demás que ustedes quieran. No vine aquí para mezclarme con tanto poderoso sino para difundir la buena nueva del libre mercado, que tiene especial acogida en este valiente país. Pues bien, me encuentro con que, siendo la moneda de Panamá el dólar americano, como lo es de Ecuador y de El Salvador, la política de la Fed ha disparado la inflación aquí. Solía alcanzar un 0,5% todo lo más y ahora es del 4,6%, lo que, como siempre ocurre, daña especialmente a los más pobres. No se confundan. Soy un gran partidario de EEUU y del benigno (a veces) imperio americano. Pero creo que la conducta monetaria y financiera del gobierno de esa gran nación lleva tiempo dejando que desear.

Pese a todos los argumentos que acabo de adelantar, pues, creo que sería un error que los Republicanos del Tea Party cedieran a la presión política y mediática a la que están siendo sometidos. El primer Tea Party fue el que tuvo lugar en el puerto de Boston, cuando americanos airados echaron al mar sacos de té sobre los que Jorge IV y el Parlamento británico pretendían cargar un impuesto. Obamacare parece que costará al menos un billón (español) de dólares. Las intenciones del plan son generosas pero ¿otro gasto más? Quizá deberían los EEUU echar una mirada a lo que está pasando con los sistemas de salud europeos.

Mi argumento principal a favor de la postura de los congresistas del Tea Party es político y constitucional. Políticamente hablando, la costumbre de financiar el gasto público con deuda, excepto en momentos de emergencia nacional, es rechazable. Bastante mal funciona el sistema democrático como para que permitamos a los políticos pasar la factura de su último capricho a los contribuyentes futuros. El Estado no es una empresa con balance y cuenta de resultados. Es una comunidad cuyo objeto es suministrar y financiar con impuestos algunos servicios indivisibles –aunque no estaría nada mal que los gobernantes tuvieran que acompañar con un cálculo del coste per capita todas sus propuestas y proyectos–. El Presupuesto es una ley, que el Gabinete del Sr. Obama ha calculado mal. ¿Quién tiene la culpa?

Mi argumento más grave es constitucional. La Presidencia de los EEUU ha adquirido demasiado poder con los años y la Federación impone su soberanía a los Estados de manera creciente. La separación de poderes es un baluarte de las libertades individuales. La gobernación de los EEUU no está funcionando mal, sino bien con esta parálisis. Es una indicación de la actual corrupción de la filosofía política el que se culpe de esta situación de continuos abusos de poder precisamente a quienes buscan corregirla

Los EEUU abusan de su posición de banquero del mundo en nombre de la estabilidad y liquidez del sistema financiero

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