Artículos de opinión

España en el camino de la riqueza

F. Cabrillo (Vicepresidente Civismo)
Expansión , 2 de octubre de 2017

Hace algunos días, Pedro Schwartz comentaba en estas páginas la reciente publicación de un libro importante que nos va a permitir entender mejor la evolución de la economía española a lo largo del último siglo y medio (Spanish Economic growth, 1850-2015, Palgrave-Macmillan). En él, uno de nuestros mejores historiadores económicos, Leandro Prados de la Escosura, realiza un excelente trabajo de construcción y revisión de series históricas para el período 1850-2015 que, además de suponer una aportación fundamental para el conocimiento de la evolución de las principales magnitudes económicas, presenta resultados novedosos, en algunos casos un tanto sorprendentes; y, lo que para mí es también muy relevante, abre muchas vías para nuevas investigaciones.

La historia de la economía española desde los años 50 del siglo pasado hasta hoy ha sido, a pesar de sus problemas, una historia de éxito indudable. Pero España estaba en aquellos momentos muy retrasada respecto a la mayor parte de las naciones de Europa occidental. Este retraso tiene una larga historia. Prados divide la evolución de la economía española desde 1850 hasta la actualidad en cuatro etapas. La primera, la más extensa, dura un siglo entero, desde 1850 a 1950. La segunda, denominada “Edad de oro”, comprende desde 1950 hasta 1974, y registra las mayores tasas de crecimiento de la historia de España. En la tercera, 1974-2007, la economía sigue creciendo, pero a un ritmo significativamente menor. Y la última, 2007- 2015, incluye los años de la gran recesión, en los que la renta cae de forma significativa; la década perdida de la que aún nos estamos recuperando.

¿Recoge realmente la evolución del PIB el desarrollo de España y la mejora del nivel de vida? Este es un tema sobre el que se viene discutiendo mucho en los últimos tiempos, ya que son numerosos los trabajos que plantean objeciones al uso de esta variable como medida del bienestar. Prados analiza con detalle esta cuestión y construye un índice histórico de desarrollo humano, en el que se incluyen una serie de variables no directamente referidas a la renta, sino a la sanidad, la educación o los niveles de consumo. Pues bien, el cálculo muestra que, a largo plazo, las tasas medias de crecimiento de ambos índices son muy similares, lo que confirmaría la posibilidad de utilizar el PIB como una buena proxy del nivel de bienestar de la población española.

Inestabilidad y crecimiento

Si se desagregan las cifras de las diversas etapas, se observan resultados que merecen un análisis detenido. Uno de los más llamativos es que, en el primer período, las tasas de crecimiento fueron significativamente más elevadas entre 1850 y 1883 que entre éste último año y 1913. El hecho parece contradecir la idea que tenemos de la historia española de mediados del siglo XIX, en la que la inestabilidad política constante, la revolución y la guerra carlista supusieron un freno para el crecimiento económico; mientras la Restauración, que significó la consolidación de un sistema político y de un marco jurídico estable, habría generado un mayor crecimiento. Y fue lo contrario lo que sucedió. Lo que los datos parecen indicar es que no existe una correlación clara entre estabilidad política y desarrollo. Pero, aún así, ¿por qué las cifras de la Restauración son tan mediocres? Puede argumentarse que las guerras de Cuba y Filipinas supusieron un coste muy importante para España. Y sabemos que la política arancelaria que Cánovas y los gobiernos posteriores orientaron claramente hacia el proteccionismo supuso un freno importante al progreso, como, por otra parte, han puesto de manifiesto algunos análisis recientes. Pero el tema merece, ciertamente, un estudio más detallado.

Pasando a la denominada “época de oro”, hay que señalar que la mayor parte de los economistas coinciden en la idea de que el régimen de Franco cambió sustancialmente su política a partir del Plan de Estabilización de 1959, introduciendo medidas de liberalización que darían paso a los mejores años de la historia de la economía española. La tasa media anual de crecimiento del período 1960-1973 fue el 6,4%, lo que tuvo como efecto, lógicamente, una mejora espectacular en el nivel de vida. Pero lo que indican los datos de Prados es que el cambio podría haber comenzado antes, ya que entre 1950 y 1960 la tasa de crecimiento medio anual fue del 3,7%, cifra significativamente superior a las obtenidas, por ejemplo, entre los años 1973- 1992 (2,9%) y 1992-2007 (2,4%). Y en estos años la economía española se liberalizó de manera significativa gracias a la entrada de nuestro país en la UE y su política macroeconómica logró una estabilidad que no tenía tras la entrada de España en el euro. Es cierto que en 1950 se partía de niveles muy bajos y esto podría explicar parte del crecimiento. Pero de nuevo quedan muchas preguntas abiertas a responder en futuras investigaciones.

El libro de Leandro Prados da un paso importante al ofrecernos unos datos muy valiosos. La gran pregunta que habría que plantear ahora es por qué las cifras evolucionaron de esta forma y no de otra; por qué las tasas de crecimiento fueron tan distintas en los diferentes períodos históricos. Dar respuesta a estas cuestiones no es fácil, desde luego, pero tratar de hacerlo supone situarse en la línea fundamental del pensamiento económico iniciada hace dos siglos y medio por Adam Smith, quien dedicó su libro más importante a tratar de explicar precisamente la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones.

¿Recoge realmente la evolución del PIB el desarrollo de España y la mejora del nivel de vida?

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