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Artículos de opinión

Incertidumbre en el horizonte

Rafael Pampillón (Consejo asesor)
Expansión , 10 de julio de 2018

El nuevo gobierno tiene que reducir el déficit para prevenir una mala situación a largo plazo

Finalizado ya el segundo trimestre del año, los indicadores disponibles señalan que en dicho periodo la economía española registró un avance del PIB del 0,7% con respecto al trimestre anterior. La misma tasa de crecimiento que en los tres trimestres anteriores. Lo que supone un desempeño notable si se compara con la acusada desaceleración sufrida por las grandes economías de la zona euro. Las expectativas para el conjunto del 2018 apuntan a un incremento del PIB del 2,8%, como predicen los principales servicios de estudios y que confirmará el Consenso Económico de Funcas que se publicará la semana que viene. Es un crecimiento que se apoya en el aumento del sector de la construcción, del consumo, de las exportaciones, del empleo y de la producción de bienes de equipo.

Aumenta la producción de bienes de equipo

El INE informó el jueves pasado de que en mayo, el Índice de Producción Industrial aumentó un 1,6% en tasa anual en la serie corregida de efectos estacionales y de calendario. En este crecimiento destaca especialmente la mayor producción de bienes de equipo, un 3,9% más. La producción y la instalación de bienes de equipo en España está siendo un factor clave del aumento de la capacidad productiva de la economía, una trayectoria esperanzadora por el papel impulsor que tiene en el crecimiento económico este sector que se caracteriza por su mayor productividad, desarrollo tecnológico e innovación. Es también una señal de que  los empresarios perciben que el ciclo expansivo continúa.

La producción industrial está siendo, afortunadamente, un factor fundamental para la recuperación económica de España: la mayor parte de nuestras exportaciones son bienes industriales competitivos y de calidad: un indicador de crecimiento sólido. Hace dos semanas, el Banco de España informó que, en el primer cuatrimestre de este año, las exportaciones de bienes y servicios alcanzaron el récord histórico del periodo enero-abril: 129.300 millones de euros. Esto supone un aumento del 3,3% con respecto al mismo periodo del año anterior, con lo que las exportaciones se afianzan como motor de la economía española. Un crecimiento que se produce tanto en las exportaciones de bienes como en la de servicios turísticos y no turísticos.

En mayo el gasto realizado por los turistas internacionales que visitaron España alcanzó los 8.155 millones de euros, un aumento del 2,9% respecto al mismo mes del año pasado. En los cinco primeros meses de 2018, el número de turistas extranjeros aumentó un 2%, y alcanzó el record histórico para los periodos comprendidos entre enero y mayo: 28,6 millones.

Crece el empleo

Estos datos de aumento de la actividad exportadora revelan aumentos de la producción nacional, que está necesitando de más empleo. Consecuentemente, la afiliación a la Seguridad Social sigue aumentando: España tuvo el mes pasado 91.322 cotizantes más a la Seguridad Social, cifra superior a la del pasado año en el mismo mes (+87.693), con lo que el total de afiliados supera la barrera de los 19 millones, algo que no sucedía desde 2008. Con la información de junio podemos sumar los datos del segundo trimestre de este año: el resultado es que durante el segundo trimestre de este año, España tiene 504.000 afiliados más que en el trimestre anterior. Sin embargo, si queremos tener la mejor imagen de cómo se ha comportado el mercado laboral en el segundo trimestre, tendremos que esperar al día 27 de julio, en el que se publicará la Encuesta de Población Activa (EPA) donde se podrá constatar un caída de la tasa de paro: del 16,74% del primer trimestre hasta el entorno del 15,25% en el segundo.

En definitiva, está aumentando la producción española, incluida una producción industrial que, favorecida por nuestra mayor competitividad, está permitiendo que nuestros productos tengan muy buena aceptación en los mercados internacionales. Una mayor producción que reduce el paro, genera más empleo y que, a su vez, tira del consumo. También en este sentido, la semana pasada se publicó también el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora el CIS, y que mensualmente recoge la evolución reciente y las expectativas de los consumidores españoles. En junio, este indicador alcanzó los 107 puntos, 9,3 puntos más que en mayo. El ICC sigue una escala de 0 a 200 en la que los valores sobre 100 indican una percepción positiva de los consumidores, y los inferiores, negativa. Por tanto, parece que el consumo familiar sigue tirando, y seguirá aumentando en los próximos trimestres debido a la mejora del crédito, al incremento de la riqueza de las familias, al mayor optimismo de los ciudadanos sobre el futuro de la economía española, y al aumento del empleo.

Amenazas

A pesar del buen comportamiento de la economía española durante el primer semestre, las perspectivas de futuro no están exentas de riesgos: por un lado, el aumento de la inflación anual (2,3% en junio frente al 2,1% de mayo y 1,1% en abril) y que podría suponer una pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos, frenando el crecimiento del consumo. Por otro, la normalización de la política monetaria aplicada por el Banco Central Europeo (BCE) podría endurecer las condiciones de financiación de las empresas retrayendo la inversión –este jueves se reúne el Consejo de Gobierno del BCE y tendremos más información al respecto–.

Además, la guerra comercial iniciada por EEUU está provocando, en algunos países, un freno al comercio internacional, amenazando nuestras exportaciones. Este es el principal riesgo del escenario mundial por sus efectos directos en las economías de los países al dañarse las sofisticadas cadenas de valor globales. Como consecuencia tendrá un efecto negativo sobre las expectativas empresariales y, por tanto, sobre las decisiones de inversión del sector privado.

A ello se une la actual desaceleración económica de la zona del euro, nuestro principal cliente, que podría también reducir el crecimiento de nuestras ventas al exterior. Finalmente, otra amenaza importante es el elevado nivel deuda pública española, en un contexto de subida de tipos de interés. Mientras el sector privado en España ha realizado un enorme esfuerzo para desendeudarse, sin embargo, la deuda pública ha ido creciendo muy considerablemente y afronta ahora altos riesgos de sostenibilidad a medio plazo. Además, mayores gastos financieros para el estado, como consecuencia de la subida de tipos, ponen en peligro el mantenimiento del objetivo de déficit.

¿Cuáles son las implicaciones para el nuevo gobierno? Sobre todo, que no debería relajarse, sino, antes bien, centrarse en reducir el déficit y la deuda pública para prevenir, ahora que aún se puede, un posible estancamiento económico a largo plazo.

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