Cita de la semana:

"El derecho más valorado por todo hombre civilizado es el derecho a que le dejen en paz", Louis Brandeis.

Artículos de opinión

¿Interés público?

F. Cabrillo (Vicepresidente Civismo)
El Mundo (suplemento Actualidad Económica) , 16 de abril de 2018

Muchos ciudadanos 'compran' la idea de los sindicatos y de la izquierda de que el Estado presta los servicios públicos de manera más beneficiosa

Nuestros vecinos franceses se enfrentan a otra huelga de los empleados de los ferrocarriles. ¿Por qué los cheminots han desenterrado de nuevo el hacha de guerra contra el Gobierno? Las razones son varias. Por una parte, hay en el conflicto, como casi siempre, una cuestion salarial; por otra, se lucha por mantener el trato privilegiado que este sector recibe en lo que se refiere a jubilaciones, pensiones, etcétera, en comparación con otros trabajadores franceses. Pero existe, además, un tercer factor, cada vez más habitual en las huelgas que se declaran en las empresas públicas: la oposición total a cualquier intento de privatización parcial de determinadas actividades o a que estas puedan realizarse con fórmulas de gestión diferentes del control público total.

En España tenemos también una larga experiencia en este tipo de huelgas y movilizaciones. Y el hecho de que la reasunción por el sector público de la gestión del hospital valenciano de Alzira (hasta ahora a cargo de una empresa privada) se haya considerado como una victoria por la izquierda y los sindicatos indica lo difícil que resulta introducir un mínimo de racionalidad en este debate. Y es lógico, porque la actitud de los ferroviarios franceses o de los sanitarios españoles se basa, claramente, en una búsqueda pura y dura del propio interés, por más que se intente disfrazar de una defensa de los usuarios de los servicios públicos.

Sin embargo, por sorprendente que parezca, muchos de tales usuarios (aunque no todos, ciertamente) compran fácilmente la idea de que, si es el Estado quien ofrece el servicio, ellos resultarán beneficiados. El argumento que suele utilizarse para justificar tal idea es que las empresas privadas buscan el “lucro”, y el sector público y los funcionarios tienen, en cambio, como objetivo el bien común. Nada se dice, ciertamente, sobre el bajo nivel de eficiencia de las empresas públicas ni sobre las ventajas que para los trabajadores supone un control laxo de su actividad y un empleo seguro, incluso en casos de ineficiencia manifiesta o mal trato al usuario. Y así nos van las cosas… a los franceses y a nosotros. 

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