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"Cuando perdemos el derecho a ser diferentes, perdemos el privilegio de ser libres", Charles Evans Hughes.

Artículos de opinión

La tregua de 1918

F. Cabrillo (Vicepresidente Civismo)
El Mundo (suplemento Actualidad Económica) , 12 de noviembre de 2018

El mundo anterior a 1914 era bastante civilizado. El consenso liberal era todavía firme, el sistema monetario, sólido y la política fiscal de los gobiernos, bastante decente.

Ha transcurrido exactamente un siglo desde que el día 11 de noviembre de 1918 Alemania aceptó las condiciones del armisticio con el que finalizó la Primera Guerra Mundial. Pero. ¿Terminó el conflicto realmente ese día? Me temo que no. Lo que se firmó en 1918 fue, en realidad, una tregua, que duró poco más de 20 años, hasta que en 1939 se reanudaron las hostilidades. La torpeza de los Gobiernos vencedores —especialmente el francés—, el afán de venganza de los alemanes por las duras condiciones que les fueron impuestas y la destrucción de los principios sociales y económicos con los que Europa había vivido hasta entonces hicieron la paz imposible.

El mundo anterior a 1914 era bastante liberal y civilizado. Había, ciertamente, pobreza y grandes diferencias sociales, pero la economía crecía y el nivel de vida mejoraba de forma sostenida en todos los países, incluida Rusia, que era ya una nación que también había emprendido la marcha hacia la modernización. Existían amenazas nacionalistas y presiones para limitar el libre comercio internacional. Pero el consenso liberal era todavía firme, el sistema monetario sólido y la política fiscal de los gobiernos bastante decente, con ministros de Hacienda que respetaban la norma no escrita que establecía que la acción económica del Estado debería ser limitada y un Gobierno no debería gastar más de lo que era capaz de recaudar, salvo casos excepcionales.

La guerra, sin embargo, lo cambió todo y no hubo vuelta atrás. Sin ella nunca habría tenido lugar la Revolución rusa, a nadie se le hubiera ocurrido que los fascistas llegaran al poder en Italia y el nacionalsocialismo alemán, si hubiera existido, habría sido un pequeño partido sin mayor importancia. Y los grandes protagonistas de los desastres que asolarían Europa años más tarde se habrían dedicado a actividades más pacíficas. Hitler habría sido, probablemente, un modesto pintor de provincias; Lenin y Stalin habrían formado parte de la larga lista de exiliados rusos que nunca regresaban a su país; Mussolini se habría convertido en un buen periodista defensor de las ideas socialistas… y el resto del mundo habríamos vivido mucho mejor si esto hubiera ocurrido. 

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