Artículos de opinión

Trumponomics

Javier Santacruz (Jefe de Investigación Civismo)
Actualidad Económica , 8 de junio de 2017

Se acaban de cumplir los 100 primeros días de mandato presidencial de Donald Trump en Estados Unidos. Dentro de este tradicional “período de gracia” que se le concede a los nuevos gobernantes y en medio de un ruido mediático y político sin precedentes, la nueva Administración ha sentado las bases de su política económica y presupuestaria no con pocas sorpresas y una lista de prioridades de gran importancia cuyos efectos sobre la economía norteamericana y mundial son razonablemente positivos.

Dichas prioridades se pueden catalogar de la siguiente forma: por un lado, un impulso a la economía mediante una política de reformas estructurales empezando por una bajada histórica de los impuestos y, por otro lado, un plan de infraestructuras tanto de obra civil como militar combinado con una política menos indulgente hacia la Reserva Federal, presionando para aplicar la guía prevista de subida de los tipos de interés.

Comenzando por el primer eje, Trump ha fijado como objetivo esencial una bajada sustancial de la fiscalidad directa –Renta personal y Sociedades–, acompañada de medidas que simplifican y flexibilizan el sistema fiscal como una ambiciosa amnistía fiscal, supresión de deducciones fiscales arbitrarias, impuestos especiales como el que daba soporte al Obamacare, supresión del impuesto de Sucesiones y Donaciones y un incremento sin precedentes del mínimo exento en la renta personal.

Teniendo en cuenta las modificaciones que este primer paquete tendrá en su paso por las Cámaras Legislativas y considerando una probabilidad alta de que sus líneas fundamentales permanezcan invariantes, la reforma fiscal añadiría un 0,5% al crecimiento del PIB cada año en los próximos 3 años y un incremento anual de entre 1,5 y 1,6 millones de puestos de trabajo.

Por otro lado, se añade el efecto expansivo por la vía de la demanda que tendrá el plan de infraestructuras por el momento cifrado en 100.000 millones de dólares anuales para la próxima década. Aportando un 20% de equity por parte del promotor y mediante un sistema de “pago por uso”, el plan es mucho más sostenible que el Plan Juncker cuyo apalancamiento es de más de 15 veces equity. Según cálculos de la Tax Foundation, el incremento adicional por año del PIB sería del 0,1% y 21.400 empleos más, en línea con la evidencia de que tiene más impacto en el crecimiento y empleo una rebaja de los impuestos más que un incremento del gasto público.

¿Cuáles son los riesgos más importantes? Sin duda, la combinación entre presiones inflacionistas y un déficit público ya de por sí alto. Sin embargo, aquí es donde descansa la audacia de la política fiscal y es lograr que con recortes de gasto público en otras partidas y la repatriación de capitales, cubran el desfase de ingresos de corto plazo provocado por la Reforma Fiscal cifrado en 100.000 millones de dólares.

Impuestos bajos, regulación sencilla y libertad económica sí crean empleo y riqueza a largo plazo. Por eso es tan importante soltar de forma urgente el lastre de las políticas fiscales y monetarias expansivas y acabar con el nefasto legado económico del Presidente Obama. 

Impuestos bajos, regulación sencilla y libertad económica sí crean empleo y riqueza a largo plazo. Por eso es tan importante soltar de forma urgente el lastre de las políticas fiscales y monetarias expansivas

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