Artículos de opinión

Un Gobierno cerrado

F. Cabrillo (Vicepresidente Civismo)
Expansión , 14 de octubre de 2013

Para cualquiera que conozca un poco la vida política de Estados Unidos resulta sorprendente la forma en la que la prensa europea –y la española en particular– tratan el llamado “cierre” de las finanzas del gobierno federal. La mayoría de los medios y los comentaristas –con algunas excepciones, ciertamente– explican el problema de manera simplista, echando siempre la culpa a los republicanos. De acuerdo con su versión, son los representantes del Grand Old Party los que, con una estrategia puramente partidista, están bloqueando la aprobación del presupuesto e impidiendo, por tanto, el funcionamiento de la administración. Y esto no es cierto.

Lo que está ocurriendo en los Estados Unidos es algo mucho más complejo, efecto de un modelo político en el que existe una división real de poderes, que los redactores de la constitución consideraron que era necesaria para garantizar la libertad de los ciudadanos. Y uno de los principios fundamentales de su organización política es que el poder ejecutivo no puede gastar ni un dólar que no haya sido aprobado por el Congreso. Es verdad que el Gobierno tiene un proyecto de presupuestos; pero es igualmente cierto que la Cámara de Representantes lo ha enmendado recortando los fondos que Obama necesita para llevar a cabo su reforma sanitaria. Esta reforma, que tan bien ha sido recibida en Europa, no es aceptada, sin embargo, por buena parte de la población de Estados Unidos; y, de hecho, los republicanos ganaron las últimas elecciones a la Cámara de Representantes con un programa electoral que incluía el rechazo expreso de la reforma sanitaria. Su obligación frente a los ciudadanos que los votaron es, por tanto, oponerse a ella.

Para que el presupuesto aprobado por la Cámara de Representantes se convierta en ley tiene que ser validado por el Senado y por el propio presidente, que puede vetarlo. Obama no ha necesitado hacer tal cosa, ya que los demócratas controlan el Senado. Y, con las dos cámaras, enfrentadas, el tema se ha estancado. Dado el marco constitucional en el que se desenvuelven los agentes políticos, estos cierres de la administración no son un fenómeno raro en la historia reciente del país. Se ha hablado bastante de los cierres de mediados de noventa con Clinton en la presidencia y los republicanos con mayoría en la Cámara. Pero el número de casos es mucho mayor; y buena parte de ellos fueron protagonizados, por cierto, por el que fue durante una década líder demócrata de la Cámara, Tip O'Neill, cuyos enfrentamientos con el presidente Reagan fueron noticia habitual en aquellos años.

No cabe duda de que se acabará llegando a un acuerdo, aunque, por el momento, ninguna de los dos partes esté dispuesta a ceder. Obama parece preferir estar durante algún tiempo sin presupuesto a renunciar a su reforma sanitaria, la medida política más mediática de su administración; ya que, como algunos comentaristas han señalado, tal renuncia significaría, entre otras cosas, el cierre poco brillante de una presidencia bastante mediocre, que no ha convencido siquiera a muchos de sus propios partidarios. Por otra parte, los representantes republicanos que apoyaran al presidente en este tema podrían ser considerados traidores por sus propios electores. Una solución posible para dar una salida a corto plazo a la crisis sería que la Cámara aceptara lo que se denomina una “clean continuing resolution”, que, en esencia, permitiría separar la aprobación de los gastos generales del Estado de los necesarios para la reforma sanitaria. Algunos representantes republicanos ya han dicho que aceptarían esta solución, aunque siguen oponiéndose a la reforma sanitaria; y no olvidemos que, en Estados Unidos, los senadores y representantes tienen derecho a pensar por sí mismos y no están sometidos a la disciplina de voto que existe en países como España.

Respuesta

Pero hay que ser conscientes de que tal acuerdo sería sólo una respuesta a una crisis de liquidez y no contribuiría en nada a solucionar los problemas financieros de los Estados Unidos, que son hoy muy importantes. Las propuestas de elevar el techo de la deuda pública, para que el Estado pueda seguir gastando como si nada pasara, son suicidas en el largo plazo. La deuda norteamericana supera el 100% del PIB de la nación y, en términos absolutos, es la deuda pública más elevada que un país ha tenido nunca en la historia. Si pensamos que, en 1945, tras cuatro años de guerra terrible, la deuda pública suponía aproximadamente el 113% del PIB norteamericano, hay que preguntarse cómo es posible que las finanzas públicas hayan llegado a la grave situación en la que hoy se encuentran.

El año 2006, el entonces senador Barack Obama pronunció las siguientes palabras: “América tiene un problema de deuda y una crisis de liderazgo. América merece algo mejor. Por lo tanto, voy a oponerme a cuantos intentos se hagan para elevar el techo de la deuda pública”. Siete años más tarde la situación es significativamente peor, tanto en lo que se refiere al liderazgo como a la la deuda. El país necesita replantearse seriamente su política económica en muchos aspectos. Cuanto antes lo haga, mejor para Estados Unidos… y para el resto del mundo.

Estados Unidos necesita replantearse seriamente su política económica en muchos aspectos

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