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Comunidades a distintas velocidades

Periodicos del Grupo Vocento,
8 de octubre de 2017

Uno de los hitos de la economía española fue su entrada en el euro. Este ingreso permitió acelerar su crecimiento, favoreciendo el proceso de convergencia con la UE. Cabe preguntarse si esta aproximación económica se ha producido por igual en todas las comunidades autónomas o si, por el contrario, se ha generado una España «de varias velocidades». Lo que importa no es la percepción comparativa de la economía de una comunidad con las limítrofes o rivales, sino un indicador más válido: la convergencia de nuestra región con la media europea, por supuesto descontando la engañosa inversión residencial.

Para averiguarlo, consideramos dos variables económicas esenciales: el stock de capital físico por habitante en términos reales (o lo que es lo mismo, el acumulado de la inversión a lo largo del tiempo), y la tasa de inversión no residencial promedio sobre PIB (bienes de equipo), ambas en los años 2000 y 2013. Estos indicadores sobre inversión son los más fiables para saber si una economía crecerá a largo plazo. No así tanto la variable del consumo que, aunque fundamental, no resulta un motor suficientemente poderoso como para lograr un avance sostenido.

Así, una economía en la que se haya verificado la convergencia será aquella en la que, a menor stock de capital inicial, mayor sea la tasa de inversión, y viceversa. La incorporación de España a la eurozona no ha sido igualmente rentabilizada por todas las regiones.

Según los datos de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, basados en la Contabilidad Nacional, ha habido cuatro comunidades que sí han sabido aprovechar la oportunidad, invirtiendo más en proporción al PIB, e igualando así, o incluso superando, su dotación de capital respecto a la media del conjunto de España. Estas son Galicia, Asturias, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Las dos primeras han ganado 14,5 puntos de convergencia real, llegando prácticamente al nivel 100, que es la media nacional española, mientras que las dos Castillas han experimentado un crecimiento rápido, que las sitúa ligeramente por encima de este valor.

En cambio, las tres comunidades que se encontraban muy por encima de la media en dotación de capital físico (Baleares, con un 27% más que la media; Cataluña, con un 18,8%; y Navarra, con un 26,4%) son las que más retroceden en convergencia real entre 2000 y 2013, al mantener la tasa de inversión no residencial constante.

Esta diferencia de resultados es consecuencia del modelo intensivo en mano de obra que ha guiado la economía española durante la primera década de los 2000. Como no hubo apenas mejoras de productividad por inversiones en bienes de equipo y los costes laborales siguieron una senda ascendente hasta 2010, las regiones más avanzadas perdieron competitividad, no sólo en comparación con España, sino respecto a las regiones más desarrolladas de la UE. Por consiguiente, el camino es muy claro: generar ahorro interno para invertir en bienes de equipo, y, de este modo, lograr la convergencia real, esa que de verdad nos ponga a la altura de Europa. 

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