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La demografía hipoteca el futuro

Periodicos del Grupo Vocento,
21 de octubre de 2018

En las últimas semanas tanto la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), como el Instituto Nacional de Estadística (INE), han publicado unas estimaciones demográficas que muestran una España muy longeva, junto a una caída de la tasa de natalidad. Y para que se aprecie la inmediatez de estos datos tan negativos las tablas muestran la variación tan sólo siete años, del 2025 al 2032.

España no podrá mantener su población en 2032 sin la entrada de nuevos inmigrantes, porque en quince comunidades autónomas (CC AA) el crecimiento vegetativo de la población autóctona será negativo. La AIReF, a partir de indicadores del mercado laboral, estima que haría falta un flujo neto de 270.000 personas anuales para conservar tanto la población en edad de trabajar como la activa. Según eso no considera capaz a España de llevar a cabo por sí sola un relevo generacional que permita al país alcanzar los 60 millones de habitantes en 2050.

Para un futuro más inmediato, el INE ofrece unos indicadores preocupantes que ya tienen un impacto negativo en el crecimiento económico, el empleo, la inflación y las cuentas públicas. Nos fijaremos en tres, calculando su evolución entre 2025 y 2032: número de nacidos por cada 1.000 defunciones (la tasa de reposición natural de la población), índice de envejecimiento (porcentaje de población mayor de 64 años sobre menores de 16) y edad media de los españoles. En todos ellos se observan importantes diferencias a nivel regional, que sirven para predecir hasta qué punto una comunidad se halla preparada para el fenómeno de la longevidad para que, si no lo está, pueda tomar medidas para prevenirlo.

Así, sólo habría cuatro CC AA con capacidad de regenerar, por sus propios medios, su población en 2032. Murcia y Madrid encabezarían la tasa de reposición, con 1,26 y 1,14 respectivamente; mientras que Asturias, Galicia, y Castilla y León no podrían tan siquiera renovar la mitad de los fallecimientos anuales. Esto provoca una elevación extraordinaria del índice de envejecimiento, pues el denominador cada vez es más pequeño, y el numerador, más grande. Para estas tres regiones la desproporción entre mayores y niños se incrementaría entre 2025 y 2032 en una media del 30%, llegando al 36,75% en el caso de Cantabria. En consecuencia sería en esta última comunidad donde más aumente la edad media: dos años, quedando en 49. Por encima estarían Asturias, Castilla y León, y Galicia, con 50 años de media.

En un rango intermedio, pero también en «zona de peligro», están La Rioja, Extremadura y la Comunidad Valenciana, con una media de entre 46 y 47 años, mientras Murcia, con 43, sería la región más «joven», seguida de los archipiélagos, Cataluña y Navarra.

Los datos muestran que la estructura demográfica se divide en dos bloques. El primero, el de las comunidades cuya preparación frente a la longevidad es escasa, especialmente por la financiación que precisan. El segundo, el de aquellas que pueden regenerar por sí mismas su población pero a costa de dos condicionantes: la emigración procedente de las CC AA más afectadas, y la llegada de inmigrantes desde otros países. 

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